
A dos patadas del metro Sevilla se encuentra Cubik, un nuevo-restaurante-moderno que está haciendo las delicias de aquellos que tienen a bien adentrarse por una de las calles del centro menos transitadas de la ciudad (yo la había pisado concretamente dos, antes de ir a comer al restaurante). Y si está gustando al personal es por una razón muy sencilla: platos chulos. Así, tal cual. Buena cocina, materia prima de calidad, con un girito moderno y algún toque exótico. Y una presentación impecable.

El exotismo podéis encontrarlo, por ejemplo, en mi arroz meloso de cangrejo con perlas de coco y langostinos. Sí, perlas de coco. Bolitas como de gelatina que sabían a coco. Y, os lo creáis o no, le daban un toquecito genial al arroz caldoso (o “meloso”, que dicen ellos). Además, y este detalle me ganó, eran cuatro langostinos como cuatro soles. Vale, no eran del tamaño de los de Valadouro, pero en otros sitios te ponen dos gambas mal puestas y a correr; aquí no.

Recuperando el “dos de cada” que os contaba al principio, tuve ocasión de echarle el diente al plato principal de mi novia: un solomillo de ternera con puré de sobrasada y yuca que no se lo salta el niño de “El Bola” en “Splash!”, fíjate lo que de digo. ¿De qué estaba hecho ese solomillo, de mantequilla? ¡Se derretía al tocarlo, oh, milagroso!
Las ensaladas de primero fueron de categoría; una de vierias y sun-dried tomatoes muy correcta; y otra con piña y queso gorda realmente original. No me quiero olvidar de las tostas con las que nos recibieron: quesito, sobrasada, salmón, ¡bravo por la música, que nos hace mágicos!

¿Creías que me iba a ir de aquí sin rajar de los postres? Debe ser la primera vez que me lees. Get used to it. Bizcocho de maracuyá y chocolate blanco con mermelada de fruta de la pasión y helado de violetas. ¡Atiende, helado de violetas! Qué color, qué locura. Parecía aquello cuando están los niños perdidos de “Hook” comiendo la comida imaginaria y está el Rufio dándolo todo y de repente todo cobra vida ante Robin Williams y ve unos colores que ni en Pandora, ¡Dios bendito, qué glorioso tecnicolor el del helado de violetas! También llegó un cuenquito con “sopa de guanábana con mango en tres texturas”, que sabe a chirimoya. A la chirimoya nuestra de toda la vida, la de casa, la de siempre.
En DolceCity Madrid: Cubik
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