Miércoles, 11 Febrero 2009

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON, de David Fincher

por Álvaro Pedraz
Pese a oler a podrido desde fuera, intentamos entrar sin prejuicios y ver a cuento de qué venían trece nominaciones a los premios de la industria norteamericana. Ahora encaja todo.
El lema de la proyección es: ‘Uno nunca sabe lo que le espera’ (la vida es una caja de bombones) y amén que es así, porque, ¿quién iba a esperarse una incongruencia semejante, una estupidez tan supina? Pues al parecer sólo el director norteamericano y su séptima aportación, que debe ser encargo porque el responsable de la destacable ‘Seveno la correcta ‘Zodiac’, hacer este ‘Forrest Gump’ pero para atrás es un poco precisamente eso, ir para atrás.

Justo lo que le faltaba a la credibilidad de las películas de la factoría norteamericana. Con un comienzo arrollador (y tremendamente original) donde una anciana moribunda le dice a la hija algo así como: ‘-cof, cofff, argg. Me quedaaarg poco tiempoooo- Siéntate que te voy a contar mi vida pasadaaarrgg lo justo para rellenar dos horas largas de telefilmmmm, érase una vez…-‘. Aunque para evitar las carcajadas de tirarse dos horas medio muriéndose contando su vida, se recurre al socorrido: ‘-Ya no puedo hablar más…, andaaaa, si tengo un diario aquí del protagonista contando mamarrachadas, toma, léemelo durante dos horas a ver qué poneeee..-‘.

Y si la identificación con los personajes es la pista de despegue para la imaginación del espectador, aquí más bien parece un helicóptero con dirigentes saliendo de una plaza de toros porque pasamos ya al recurrido flash back eterno con un padre corriendo los cien metros lisos con un muñeco recién plastificado, banderas americanas (que no falten) y entramos en acción. Y entonces pretenden que tomemos en serio a un anciano-Gollum digitalizado, con sus canas y tal cogiendo de la manita a su madre y gritando mamiiii, luego conociendo a una niña que será el amor de su vida y ofreciendo al espectador una imagen impagable de un anciano achacoso jugando a las tinieblas con una cría (por incesto, abuso o por lo que sea, ¡pero que denuncien todo esto!).
Y, como en casi todas las películas del endiosado Pitt, todo gira en torno a su benevolente figura: ‘-Eh, Benjamin (Benjamín, qué cachondos), ven que te invito a tomar algo-Eh, Benjamin, que la voy a palmar, ven que te doy un último consejo para tu vida de renacuajo-Eh, vamos, que te voy a llevar a que pierdas la virginidad…-. Y también al más puro estilo ‘Leyendas de pasión’: -Que quiero cambiar de aires, me voy.- Nooooo- Adiós.- Hola, he vuelto- Ayyyy qué alegrón, Benjamín, eres tú, cómo te hemos echado de menos- Esto no puede durar, adiós de nuevo- Noooo.- (bufff).

El despropósito es indescriptible, otra memez de argumento más donde nadie trabaja o parece ser de este mundo, aquí todas las ocupaciones son mirar atardeceres, bailar, y dar unos paseos por los parques, viendo florecillas y hasta colibríes y todo (pero ¿qué ‘Está Pasando’?). Todo es tan antinatural como el protagonista y tan artificial como su maquillaje.

#video#
Resultado; envejecerán en sus butacas, mínimo dos horas y pico que les parecerán cuarenta, y estas horas perdidas sí que no tienen marcha atrás (¿Cómo pueden dos horas y pico olvidarse en dos minutos sin pico? Realmente ése es el soporífero caso de Benjamín Button ¡Ah, la magia del cine, capaz de jugar con el tiempo a su antojo¡). Ni una, ni dos, trece nominaciones a los Oscars mereciendo apenas únicamente el de maquillaje (vaya tela). Claro que tampoco era de extrañar.