Lunes, 14 Abril 2008

FUERA DE CARTA, de Nacho G. Velilla

por Álvaro Pedraz
'Va un caracol y derrapa… y en su trágico accidente deja atrás dos pequeños huerfanitos desamparados e indefensos…' Así de forzados suelen quedar los cambios bruscos de comedia a drama, consiguiendo que no te creas ni a unos ni a otros, tal y como sucede en el primer largometraje del responsable en parte de series como ‘7 vidas’ o ‘Aída’.

Este nervioso cambio de género atiende al ritmo general de la trama, una vulgar comedia de enredo sobre entradas o salidas de armarios (están todos para empotrarlos) llena de histerismos, humor burdo y enlatado (con expresiones tan ocurrentes como ‘-No te vayas muy lejos, ni tú ni tu pito’- o –‘Al menos algo se te ha corrido hoy’-, etc.), aparte de un argumento vulgar con dificultades de pareja, familiares (la conversación final padre-hijo es horrible) y el típico concursito, examen o prueba que tanto tiempo llevan preparando los protagonistas pero que luego anteponen los valores personales y demás milongas que tantas veces se han visto. Aquí se ambienta en el mundo culinario a lo ‘Deliciosa Martha(el inmoral plagio de ‘Sin reservas’ ni se menciona) con lo que tampoco logra ningún tipo de aporte novedoso.

Un pie del que cojean las películas pro-homosexuales es contrarrestar ofreciendo 
una penosa imagen de la heterosexualidad. Aquí se adolece de eso mismo y no queda tampoco muy justo presentar a los heterosexuales como cortitos y más salidos que el pico de una plancha, amargados y promiscuos o desalentados tras años de matrimonio reflejados en una decadente pareja mayor. Los extremos no suelen convencer.

También da la impresión de ver a un agudo actor como Javier Cámara desaprovechado en un papel tan simplón y estridente, junto con un Fernando Tejero, más efectivo en su papel más tópico, sin que a veces quede más remedio que esbozar una sonrisa con algún que otro punto, por soez que realmente sea, o celebrar la sola presencia de la gran Chus Lampreave que ya de por sí es un valor añadido.

#video#
Una comedia nerviosa, llena de giros bruscos al drama muy mal hechos, con un humor a veces agudo, a veces basto, unos papeles estereotipados y un tono de volumen demasiado alto y chillón. La normalización suele ser enemiga de histerismos, histrionismos, vanos sentimentalismos y demás ismos. Fuera de tiesto.