Lunes, 31 Marzo 2008

Pasa un día en el El Real sitio de EL PARDO

por Raquel Lozano
Hay que ver lo que tiene la psicología humana. Todo el año diciendo de hacer excursiones por Madrid, hablar de aprovechar los fines de semana que, al final, sólo gasto en dormir por la mañana (aunque falta me hace), vegetar por la tarde y salir por la noche. Todo buenas intenciones pero poco más. 


Ahora, con la cercanía de la Semana Santa, por fin tanta habladuría se hizo realidad y el sábado anterior fui a visitar El Pardo, a tan solo 7 kilómetros de Madrid. Este pueblo que hizo famoso el Francisco Franco, hombre más odiado que querido pero que, al fin y al cabo, es parte de la historia de España.

El pueblo es pequeño pero alberga dos lugares que merece la pena visitar. El Cristo de El Pardo, una pequeña iglesia con distintas imágenes a la que llegas o bien en coche o dando un paseíto de 20 minutos cuesta arriba. Yo aconsejo esta última opción, pero si no te gusta andar, elige la primera, que no suele haber problema de aparcamiento. 


En el mismo pueblo está el palacio de El Pardo. Lugar elegido por los monarcas hace siglos para ir de caza y descansar, pero que en la actualidad es el lugar de residencia de los altos mandatarios
de otros países cuando vienen de visita oficial a Madrid.

Si te gustan los palacios merece la pena. Aunque visto uno, casi vistos todos, ya que la mayoría fueron decorados en la misma época, el siglo XVIII, el Palacio de El Pardo ofrece una visita guiada de alrededor de una hora por tan solo cuatro euros. Y si tienes el carnet joven, la mitad.

Una vez dentro verás el despacho de Franco, ése que aparece siempre en las imágenes del Nodo, conservado tal cual, y un pequeño teatro que el generalísimo luego utilizó como sala de cine. En contraste con esto, te dejan atisbar la decoración actual de una de las suites, donde ya vemos la televisión de pantalla plana, los sofás y el teléfono.

Otro añadido son los jardines, que también puedes disfrutar aunque no visites el palacio de forma gratuita. Un gran paseo que te permite disfrutar de la naturaleza y las flores que, ahora que llega la primavera, son un gran aliciente.

Antes de volver a Madrid, anímate a tomar unas raciones en la taberna La Plaza (de la que os hablaré más adelante), una cañita en cualquiera de las terrazas, o de una torrija o el dulce típico, la marquesita, en la cafetería que lleva este mismo nombre.

Y todo, a unos kilómetros de la capital.