Sábado, 23 Septiembre 2006

NUEVE VIDAS de Rodrigo García

por Roberto HG
Hay personas especiales… seres sensitivos, altamente receptivos, perceptivos. No podemos negar que hay verdaderos artistas de las sensaciones y los sentimientos. En toda disciplina hay maestros de lo sensible, de lo emotivo: pintura, música, fotografía, danza, literatura, teatro… cualquier arte.

Pero si tuviéramos que aunar todas esas disciplinas en una sola, podríamos pensar en el cine como la que las unificara en un único marco, el marco audiovisual. En el cine hay verdaderos artistas en todas y cada una de sus especialidades: dirección artística, maquillaje, montaje, guión, dirección, sonido, fotografía…

Cuando un equipo de artistas, magníficos en sus propias especialidades se juntan para arropar a un estupendo elenco de actores y se logra plasmar en imagen y sonido lo que éstos últimos son capaces de dar, podríamos decir que el equilibrio artístico tiene lugar.

Suene ostentoso o no, el equipo dirigido por Rodrigo García (director de “Cosas que diría con solo mirarla” e hijo de Gabriel García Márquez) es un buen ejemplo de esta compenetración profesional-sentimental en su última película, “Nueve Vidas”. Una película de bajo presupuesto rodada con muy pocos actores (Dakota Fanning, Glenn Close, Holly Hunter, Jason Isaacs, Joe Mantegna, Aidan Quinn, Miguel Sandoval, Sissi Spacek, Robin Wright Penn…) de gran calidad dramática, que tuvieron que aprenderse el papel de memoria totalmente puesto que el director había decidido rodar cada una de las historias del tirón, sin cortes, sin montaje de planos.


Para lograr este efecto teatral de interpretación continua se tuvo que grabar en 16mm porque los rollos de película de este formato tienen mayor duración que los de 35mm, el habitualmente utilizado en cine. Debido a este formato notaréis que la calidad de la imagen, el color y la luz, es algo más “tosca” (en términos fotográficos, se ve más “grano”) que la de las imágenes habituales en 35mm, lo cual a mi parecer ayuda muchísimo a la película, un conjunto de nueve pequeñas secuencias cada una de las cuales nos presenta en instante íntimo concreto de la vida de nueve mujeres diferentes.

Pequeñas historias intimistas a tiempo real que se entremezclan dando lugar a esa mágica sensación que es la casualidad; esos curiosos encuentros que bien llevados a la pantalla provocan una verdadera sensación de lo que unos llaman magia del destino y otros coincidencias del azar.

Quizá donde resida el corazón de esta historia, su verdadero sentido, su valor artístico y emocional, está en la cotidianeidad de las situaciones que nos presenta; la sensación de que las historias que vemos en la pantalla, sus personajes, son personas como nosotros, con sus virtudes y sus defectos, cuyas vidas y situaciones que se les plantean, son tan tremendamente crudas o tan magníficamente maravillosas como las que se nos plantean a nosotros día tras día.

¿Quién puede negarme que el cine es un proceso continuo de identificación o negación entre el espectador y las historias que se proyectan en la pantalla?

El cine es cine porque es vida, de la vida nace el cine, y del cine nace la vida. Nueve vidas, nueve cines… nueve instantes para reír y llorar; aceptemos el juego del celuloide, el juego de la vida, y disfrutemos, durante aproximadamente dos horas de metraje, de las vidas de otros y otras que quizá nunca existieron en sí mismos, pero existen en nosotros cada momento vivimos.

Para los fanáticos de los subniveles de la palabra, del verdadero significado que hay detrás de nuestros gestos y miradas, para amantes del ser humano y diseccionadores del ser humano… Nueve vidas.