Viernes, 20 Julio 2007

Refugiados, el milagro de una vida al límite

por María Padín
Hay realidades dificilísimas de cambiar, pero darlas a conocer, hablar de ellas, insistir sobre su problemática es una necesidad imperiosa para que puedan tener un futuro diferente. Y vivimos en un mundo en el que sólo existe lo que sale en los medios de comunicación, y éstos están dominados por la tiranía de la acuciante actualidad y la demanda del mercado.

Lamentablemente, los refugiados sólo centran el foco de interés unos pocos días, a lo sumo unas semanas. Entonces nos hartamos de ver su tragedia humana, y luego, silencio. Su imagen desaparece por arte de magia, como si el problema se hubiese solucionado. Pero persiste bajo la complicidad del más ignominioso de los silencios.

Por eso es de agradecer que CaixaForum nos intente acercar esta realidad humana a través de su ciclo de películas y documentales Refugiados: víctimas de los conflictos humanos. Todas las tardes de los jueves de julio se proyectará un film que explica la historia y la vida actual de diferentes grupos humanos que han sufrido la emigración forzosa de sus lugares de origen y que ahora subsisten amenazados en campos de refugiados, condenados a vivir sin tierra y sin futuro.

Así, podremos contemplar la lucha heroica de unos jóvenes refugiados afganos que buscan escapar de los bombardeos americanos en In this world de Michael Winterbottom. O dejarnos conmover por la estupenda Promises, en la que unos niños palestinos e israelíes dibujan un retrato humano del ancestral conflicto. Quizás algunos me tachéis de panfletaria, pero hay situaciones que me rebelan. Y ésta es una de ellas. Por lo que, aun a riesgo de parecer subversiva, les ordeno que vayan, vean y reflexionen.

Refugiados: víctimas de los conflictos humanos
Los jueves de julio a las 19.30 h
CaixaForum

CaixaForum ( Ver plano )

Avinguda del Marquès de Comillas 6
Tel: 934768600
Web: obrasocial.lacaixa.es

En una ciudad emperrada en que todo lo suyo sea más que lo que la metafísica dicta, el Palau es más que una arquitectura bonita donde escuchar música. Y esto queda patente en la exposición 1908-2008: Cien años del Palau.