martes, 15 mayo 2012

Kusmi Tea, una marca de té ruso con más de 150 años, en París

por Marta Reig

Kusmi Tea es una marca de tés que fue creada por el ruso Pavel Michailovitch Kousmichoff en San Petesburgo hace casi 150 años. La primera tienda de París se abrió en 1917.

La primera tienda Kusmi Tea de París abrió en hace casi un siglo, en 1917. Sin embargo, esta marca de tés no es francesa, sino rusa. Su creador es Pavel Michailovitch Kousmichoff, quien comenzó a trabajar como mensajero en una tienda de tés de San Petesburgo, con tan solo 14 años. Su jefe pronto se dio cuenta de sus cualidades y le inició en el mundo los sabores, secretos del té.


Se casó con la hija de un mercader de papel y su jefe, aprobando esta unión, le regaló una pequeña tienda, que se convertiría en la primera boutique Kusmi Tea. Tuvo 6 hijos que le inspiraron en sus mezclas y en 1880 crearía su té más famoso: Bouquet de Fleurs, dedicado a su hija Elisabeth. Durante el siglo XX el negocio se expandió por toda Europa: primero en Londres, luego París, más tarde Berlín… La filosofía de la casa se transmitió de padres a hijos, y hoy en día los tés Kusmi sigue gozando de la buena fama y reputación con la que contaban en sus inicios.



En París cuentan con 10 tiendas, pero la más espectacular es la de la rue Danielle Casanova. Su interiorismo súper colorido y ordenado es más propio de una boutique de regalos de diseño que de una tienda de té. Además, es como una máquina del tiempo que te traslada a la época del diseño y arquitectura Art Decó. Esta tienda combina armoniosamente el diseño intemporal y colorido de la marca, con unas paredes de mármol blanco y gris y detalles típicos del Art Déco como unos preciosos espejos, una lámpara de araña o los suelos y techos de formas geométricas. Realmente espectacular.

Kusmi Tea propone una gran variedad de tés, Rooibos e infusiones que provienen de todas partes del mundo: Japón, China, India, Rusia… Se pueden comprar en varios formatos: en bolsitas, en latas grandes redondeadas o en pequeñas tamaño lata de atún, como estas.

En cuanto a las variedades de té, encontramos té verde diferentes versiones -aromatizado, mezclado con granos de arroz y maíz, con jengibre o Darjeeling- té negro - perfumado con canela, de bergamota o ceylan-. Sin duda el top ventas para la operación bikini es el té Detox, una mezcla de maté, té verde de Chin y licor de corteza de limón que es ideal para purificar cuerpo y mente.

Una de las particularidades de la marca es el packaging: latas barrocas de colores donde el té guarda todas sus propiedades. En la tienda venden además todo lo necesario para preparar el té: tazas de cerámicas de colores, de diseño muy sencillo, a juego con reposa-bolsitas de té. También encontrarás teteras y cajas de regalo tan bonitas como esta. ¿No te dan ganas de tomar un té?



*Si te gustan los tés, consulta nuestro artículo sobre Mariage Frères, la marca de tés más antigua de París

En DolceCity París: Kusmi Tea


jueves, 10 mayo 2012

Praluline, un bizcocho de almendras rosas,en la pastelería Pralus

por Marta Reig

El Praluline es un brioche esponjoso de praliné, relleno de almendras de Valencia y nueces rosas trituradas de Piamonte. Cada día venden centenares; si lo quieres probar es mejor que reserves el tuyo.

En París no sólo hay croissants y macarons. La tradición pastelera de los franceses va mucho más allá. Ya analizamos los choux de Popelini y ahora le toca el turno al Praluline, un bizcocho que me descubrió mi amigo Pipe hace unos meses cuando me invitó a merendar a su casa. Desenvolvió un papel de pastelería donde se escondía el inmaculado Praluline, un brioche redondo y esponjoso de praliné, relleno de almendras de Valencia y nueces rosas trituradas de Piamonte. ¿El sabor? Parecido al del roscón, pero mucho más delicado, algo dulce, y con una textura súper esponjosa. Y además es rosa… una maravilla.



El Praluline es además un dulce algo exclusivo porque, que yo sepa, sólo se puede comprar en una tienda de París, en la Maison Pralus, una chocolatería que lleva desde 1948 fabricando su propio chocolate y cuya tradición se ha heredado de padres a hijos desde entonces.


Auguste Pralus fue el inventor del Praluline. Un buen día de 1955 decidió exponer este dulce de la casa en la vitrina de su pastelería y desde entonces el Praluline no ha abandonado la primera fila de sus escaparates. Cada día venden centenares en su pastelería de París, y en su página web. Hay sábados que han llegado a vender 800 unidades, por lo que es recomendable reservar uno llamando por teléfono, o bien acudir pronto por la mañana. Lo de pasar por la tarde a ver si quedan no funciona, os lo digo yo.. La simplicidad de este bollo parece ser una de las claves de su éxito: sólo existe un sabor y dos tamaños, y su precio es adecuado: 6 euros el mediano y 12 el grande.


El Praluline ha sido imitado por otras pastelerías pero según la familia Pralus nunca se conseguido una receta igual a la original. Sus pralulines son conocidos mundialmente y envían pedidos de Praluline a todas partes del mundo: EEUU, Japón, Suecia…

(Foto de michto.canalblog.com)

La Maison Pralus son ante todo chocolateros, fabrican sus propio chocolate desde sus inicios y gozan de gran renombre en Francia. Se declaran unos apasionados del chocolate "de verdad", por ello afirman que, como los grandes vinos, se podría hablar de crudos de cacao. Aunque sus chocolates son sin duda recomendables, el Praluline es la estrella de esta pastelería, y se ha convertido además en embajadora del savoir-faire de la región de Roanne.

(Foto de michto.canalblog.com)

Para su 50 aniversario la familia Pralus le regaló al Praluline una hermana pequeña: la Pralusienne, un brioche de pralinés aderezado con una deliciosa mousse de vainilla de Madagascar… ¡habrá que probarla!

En DolceCity París:
Chocolaterie Pralus

jueves, 3 mayo 2012

Boulangerie Mauvieux: La Mejor Baguette de París 2012

por Marta Reig

Cada año se celebra el Grand Prix de la Baguette de Paris, donde se elige la mejor baguette 'tradición' de la ciudad. ¿El premio? 4.000€, servir durante un año al Elíseo… y una gran reputación

Ayer se eligió la mejor baguette de París 2012 en el concurso 'Grand Prix de la Baguette de la Ville de Paris'. El premio ha sido para la boulangerie Mauvieux, situada en el 18 arrondisement, en el número 159 de la rue Ordener.


Este galardón, otorgado por el Ayuntamiento de París, es tomado muy en serio por los profesionales panaderos y también por los clientes, por lo que ganarlo siempre va ligado a una gran reputación, así como a un aumento de ventas de entorno el 20%. Se forman largas colas los días posteriores al certamen, como pude comprobar en hace dos años cuando quise probar la mejor baguette de 2010. Sin duda este aumento de ventas supone una jugosa recompensa para cualquier maestro panadero de París, pero más interesante aún parece la otra parte del premio: 4.000€ y convertirse en proveedor oficial del Elíseo durante todo un año.


¿Quien puede participar? Cualquier panadero de París cuya baguette cumpla los requisitos impuestos por el jurado: la baguette debe ser una 'tradition', tiene que medir 60cm y pesar entre 250 y 300 gramos. Además, sólo podrán participar aquellas que esten hechas de manera artesanal, a mano y utilizando harinas naturales. Y por supuesto, el panadero deberá utilizar su propio horno, situado en su panadería.


El jurado lo forman una quincena de miembros entre los que se encuentran panaderos, molineros, historiadores, periodistas y funcionarios del ayuntamiento, quienes degustan las baguettes del concurso 'a secas', sin ningún tipo de condimento, como si de una cata de vinos se tratase. Para clasificar las mejores se tienen en cuenta 5 criterios: el olor, el aspecto, la cocción, el sabor y la miga, en una escala del 1 al 4. Ha que mirarla, tocarla, observar la regularidad de su corteza, apretarla para escuchar el sonido que produce, abrirla, analizar la miga y el color y por fin probarla!


La primera edición de el Gran Premio de la Baguette de París tuvo lugar en 1993, cuando el Ayuntamiento de París decidió otorgar cada año una recompensa al mejor panadero de la ciudad. Este concurso sirve de motivación a los panaderos para fabricar sus mejores panes. Según algunos de los ganadores, el galardón es un reconocimiento a años de duro trabajo. Sin duda un concurso peculiar que sólo podría tener lugar en el país del pan por excelencia.


Ganadores de la Mejor Baguette de París de años anteriores

2011 - 'Au Levain d'Antan', Pascal Barillon / 6, rue des Abbesses, 75018, Paris
2010 - 'Le Grenier à pain', Djibril Bodian / 38, rue des Abbesses, 75018, Paris
2009 - 'Le Grenier de Félix', Franck Tombarel /64, avenue Félix Faure 75015, París
2008 - 'Au Duc de la Chapelle', Anis Bouabsa / 32 rue Tristan Tzara, 75018, París
2007 - 'Arnaud Delmontel' / 57 rue Damrémont, 75018 Paris
2006 -'Jean-Pierre Cohier' / 270, rue Faubourg Saint-Honoré, 75003, Paris

En DolceCity París: Boulangerie Mauvieux

miércoles, 11 abril 2012

Les Choux Popelini, el pastelito de crema que amenaza al macaron

por Marta Reig

Los choux son mi nuevo dulce favorito: tan bonitos como los macarons, pero con una textura más cremosa y un sabor más suave y delicado. La pastelería Popelini está especializada en este dulce francés.

Los choux son unos pastelitos redondos rellenos de crema, un dulce típico de la repostería francesa. Sin embargo, no son universalmente conocidos ni gozan de la buena fama de los macarons. ¿Por qué será? No hago más que preguntarme esto después de zamparme media caja de choux que acabo de comprar.

Hace un par de semanas me hablaron de estos dulces y, tras investigar un poco en Internet, descubro que existe una tienda dedicada únicamente al universo choux llamada Popelini. Sigo leyendo y me doy cuenta de que han abierto su segunda tienda parisina justo al lado de mi casa. Casi sin quitarme el pijama decido hacerles una visita para saborear estos pequeños pastelitos de formas redondas y gorrito de colores, cuya silueta nada tiene que envidiar a los preciosos macarons.

Una vez en Popelini la dependienta me cuenta que existen 9 sabores clásicos de choux: chocolate negro, café, vainilla de Madagascar, caramelo de mantequilla salada (típico de Bretaña), limón, praliné, pistacho, rosa-frambuesa y chocolate con leche, aunque si el chef está con ganas puede hacerlos de otros perfumes como pera, tiramisú o té. Además, cada día de la semana hacen el "Chou du Jour" o el "Chou del Día", un chou-sandwich relleno de crema de algún sabor. Como no me decidía por ninguno me llevo una caja de 6 choux para probarlos en casa… Me los meten en una caja de cartón craft a juego con una bolsita de mano con las asas rosas fucsias. ¡Parece que he comprado un conjunto de lencería fina! Packaging y nivel de cursilería igualado a los macarons de Ladurée.

En el camino de vuelta me imagino cómo sabran estos dulces tan típicos que yo nunca hasta ahora había visto en ninguna pastelería de París. Es cierto que parecen éclairs (algo parecido a esos pastelitos rellenos que en España llamamos petisú) pero la oferta tan variada de colores y sabores lo convierten sin duda en un dulce mucho más especial y exclusivo.


El primero que pruebo es el de rosa y frambuesa: la pasta exterior, ligeramente crujiente, sirve de caparazón para una crema muy suave, perfumada con toques de frambuesa y vainilla. La guinda del ritual es la mezcla de estos sabores con el gorrito con sabor a rosa. Veredicto: espectacular... o lo que es lo mismo ¡Demasiado bueno para comerse solo uno! Pero atención a la hora de comerlos; al moderlo hay que tener cuidado ya que la crema se escapa por debajo del chou. Se recomienda comer sin ansiedad.

En cuanto a la etimología y la historia de los choux, nos debemos remontar hasta 1540, cuando un pastelero italiano llamado Popelini inventó un postre a partir de una pasta reseca a causa del fuego, llamada pasta caliente o "pate à chaud" (pronunciado "pat a cho") que con el tiempo todo el mundo comenzó a llamar chou en singular o choux en plural (pronunciado chú en ambos casos).


Hay dos tiendas Popelini en París, una en Le Marais y otra en el arrondisement 9, y se dedican exclusivamente a elaborar estos dulces de crema clásicos. Aunque los ingredientes son los de siempre, han revisitado la receta clásica aportando toques modernos y alegres como las perlas y los detalles sobre los choux. No añaden ni aromas artificiales ni conservantes, todos los choux son frescos y naturales. La unidad cuesta 1,85 y la caja de 6 choux, 11 euros, un precio bastante razonable para toda la parafernalia con la que te entregan tus choux (bolsa de craft, cajita a juego, guía de sabores).


Los amantes de la repostería francesa quedarán más que satisfechos con los choux de Popelini. Yo ya soy adicta...

En DolceCity París: Popelini




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miércoles, 4 abril 2012

Izraël, ultramarinos ultraexóticos en esta "épicerie" de Paris

por Marta Reig

Entra en Izraël para hacer un viaje gastronómico por los cinco continentes. especializados en condimentos locales de países lejanos, quedarás fascinado con su caóticamente organizado interior.

Entrar en esta tienda de ultramarinos o épicerie es como viajar por los 5 continentes sin moverte de París. Se llama Izraël, ya que sus dueños son judíos, y llevan años siendo un lugar de referencia para hacerse con los condimentos más exóticos que podamos encontrar. La tienda es realmente original, parece salida de una película, con sus sacos llenos de legumbres en el suelo, sus recipientes repletos de conservas en vinagre y sus estanterías desbordadas de productos raros, atípicos e improbables.


Están especializados en condimentos y especias exóticas, difíciles de encontrar en París, y me atrevería a decir que también en otras grandes ciudades. Se trata de productos locales de países lejanos, reunidos bajo un mismo techo. Entre las maravillas de esta caverna de Ali Babá gastronómica encontramos tomates secos, conservas como anchoas o mejillones, frutas escarchadas o confitadas, tés, arroces de todo tipo así como un buen surtido de pimientas diferentes…


En sus enormes sacos repartidos por el suelo de la tienda nos presentan los cereales, frutos secos, legumbres. Y en otros barriles más sólidos encontramos las aceitunas, pepinillos y otras delicatessens marinadas en aceite de oliva. En sus estanterías te sorprenderán los preparados para hacer tarta de queso, los siropes y licores típicos de cada país, las salsas italianas para pasta, los embutidos o las cajas de bombones y caramelos que te querrás comer allí mismo.


Sus dueños, los mismos que salen en la foto de la tarjeta, siempre están por allí y como debe ser conocen todos y cada uno de los productos que venden y te aconsejan si estás buscando alguna producto o condimento especial. Aunque esta tienda de ultramarinos siempre está llena de turistas que pasan por allí y deciden entrar, maravillados por lo que se intuye desde fuera, se podría decir que es una tienda clave que todo parisino conoce.


El sitio indicado para comprar ese ingrediente espécifico que te falta para triunfar con la receta más rebuscada que puedas imaginar. Y también un buen lugar para mirar, tocar y oler alimentos y condimentos que sólo podrías conocer si hicieras un viaje alrededor del mundo.


En DolceCity París: Izraël





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jueves, 22 marzo 2012

A la Mère de Famille, o la confitería de Alí Baba en París

por Marta Reig

De fachada verde e interior de cuento de hadas, esta confitería es una de las más antiguas del mundo. Bombones, pasteles de almendras, frutos secos y confituras son algunas de sus especialidades.

La expresión "se me hace la boca" agua adquiere todo su significado cuando uno se encuentra frente al escaparate de A la Mère de Famille, una de las más antiguas confiterías del mundo. Situada desde 1761 en el barrio de Grands Boulevars, a dos pasos de la zona de las galerías y pasajes cubiertos, esta confitería lo tiene todo para hacer soñar a los apasionados del dulce.


Su cocina se puede ver desde la calle, así los paseantes pueden admirar como se fabrican diariamente todas las delicias que encontramos en su interior. Su fachada de madera verde con letreros antiguos es signo de la escrupulosa tradición de esta confitería. Aquí no encontramos ni pains au chocolate ni croissants, no se trata de una pastelería sino de una confitería cuyas especialidades son los dulces típicos regionales, las pastas de frutas, los frutos secos, las frutas confitadas y las confituras.


Sus productos estrella son los pastelitos de almendras con sabor de melón y otros frutas, y las trufas cubiertas de licor. Aunque no hay mucha gente a la que le apasionen este tipo de dulces, lo cierto es que merece la pena hacer una visita a esta tienda sólo para admirar su cuidado interiorismo tradicional que nos traslada a tiempos remotos, cuando un dulce era algo lujoso e inaccesible.


Una verdadera cueva de Alí Babá destinada a albergar caramelos y bombones de todos los olores, sabores y formas imaginables. ¿Una muestra? El roudoudou, una preciosa concha que sirve de base para una tartaleta azúcar confitado y coloreado en amarillo, azul o verde. ¡No sé si estará bueno pero es precioso!

Ilustración de Dominique Corbasson

En DolceCity París: A la Mère de Famille




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jueves, 15 marzo 2012

Restaurantes en París: de raviolis chinos a platos gastronómicos

por Marta Reig

Una lista de mis restaurantes favoritos de París, aquellos que recomiendo a mis amigos cuando vienen de turismo a esta ciudad. Cada uno de ellos tiene algo que le hace único y especial.

Siempre que algún amigo o conocido va a venir a París recibo el mismo mail "¿Puedes recomendarme algún restaurante en París?" Normalmente la gente que viene a pasar unos días necesita no uno, sino varios restaurantes de diferentes precios. Siempre hago la misma lista y no se me había ocurrido ponerla en este blog. Los he clasificado por precio y en todos he comido más de una vez... se podría decir que son mis restaurantes favoritos de París. ¡Tomad nota!

-> RESTAURANTES DE MENOS DE 25€

Le Relais Gascon
6, Rue des Abbesses / 01 42 58 58 22 / Metro: Abesses
Ya os hablé de él. Es famoso por sus ensaladas gigantes de la Gascoña, con patatas, huevo frito, salsa... por unos 12 euros el plato. Tienen servicio continuo, es decir que no cierran, lo que nos viene muy bien a los españoles que queremos comer a las 3. Está en Montmarte, perfecto para ir el día que se visite esta zona. No hace falta reservar, siempre hay sitio. Y si no, te lo hacen.


Chez Shen
39 Rue Maire / 01 48 87 88 07 / Metro: Arts et Metiers
No te dejes engañar por su apariencia, que no te tiren para atrás sus cuadros pintados con escenas chinas ni sus sillas curtes, es uno de los mejores chinos de París. Lo conocí por casualidad y más tarde, una chica china me confesó que era su restaurante clave en París. Mis favoritos de la carta: raviolis grilles au porc (empanadillas a la plancha), nems (rollitos vietnamitas) y porc laqué avec du riz (cerdo laqueado con arroz). Para beber, cerveza china Tsingtao.



Le Marche des Enfants Rouges

39 Rue de Bretagne / 01 42 72 28 12 / Metro: Filles du Calvaire o Temple
Es un mercado al aire libre del que ya os hablé. Además de poder hacer la compra, tiene restaurantes alrededor de los puestos, donde sirven los productos que venden. El japonés por ejemplo es muy recomendable, aunque también hay un italiano, otro de comida bio.. No hay que preocuparse por el frío, en invierno ponen calefactores.


-> RESTAURANTES ENTRE 30€ Y 50€

Café Louis Philippe
66, quai de l'Hôtel de Ville / 01 42 72 29 42 / Metro: Pont Marie o Hôtel de Ville
Este es sin duda mi restaurante favorito de París. Se puede ir a comer o a cenar, pero también a merendar, a tomar un café, un vino… Su emplazamiento es único, justo al lado del Sena. No es muy caro, es muy romántico, se come genial y sólo hay franceses (algún turista también, pero pocos). Apuesta segura: la carne. No dejan hacer reservas y tienen servicio continuo. Aquí se grabó una escena de Gossip Girl, como curiosidad.


La Maison Mère
4, rue de Navarin / 01 42 81 11 00 / Metro: Pigalle
Un sitio que abrió recientemente en el SoPi (South Pigalle), un barrio de moda donde están inaugurando muchos comercios interesantes. Este restaurante es realmente algo diferente. El interiorismo, entre clásico-popero e industrial-chic, es realmente acogedor. En la planta de arriba hay un salón, estanterías con libros, un tocadiscos… y una enorme barra donde puedes esperar tu mesa. Una vez sentado, apuesta por las hamburguesas o las costillas. Una carta diferente, servicio rápido y muy buen ambiente.


Café Charlot
38, rue de Bretagne / 01 44 54 03 30 / Metro: Filles du Calvaire / Temple
Está justo enfrente del Marché des Enfants Rouges. Es un sitio recomendable para comer cualquier cosa porque todo está bueno: las ensaladas, el pato, las carnes, y las hamburguesas de salmón, de pollo… muy originales. Las patatas te las traen en un cono de periódico muy chulo. Y en primavera o verano tienen una fantástica terraza.

Le Café Parisien
111 Rue Monge / 09 62 13 48 80 / Metro: Censier Daubenton
Brasserie con carta típica francesa, pero con una decoración un poco más moderna que los clásicos bistrots. Mientras se espera la mesa se puede pedir un aperitif (un cocktail, vino, licor…) en la barra. El plato estrella de este sitio son las hamburguesas. La carne es buenísima y, como curiosidad, solo tienen la parte de arriba del pan! Más fáciles de comer… Los postres son todos espectaculares, sobre todo los de chocolate.


-> RESTAURANTES DE MÁS DE 60€

Lilane
8 Rue Gracieuse 75005 Paris / 01 45 87 90 68 / Metro: Censier Daubenton
Lo descubrí gracias a la guía de restaurantes Le FigaroScope, que recopila los mejores restaurantes de la ciudad. Y acertaron de pleno. Es un restaurante al que ir cuando queremos celebrar algo y comer bien. La cocina es tradicional, la carta no es muy amplia pero absolutamente todo está buenísimo. Su chef es Stéphane Guilçou, antiguo cocinero del restaurante de la Torre Eiffel, el Jules Verne. Proponen creaciones culinarias que no encontramos en otro restaurante de París, como los raviolis de langostinos y espinacas o las aves con salsa de mantequilla y hierbas. De postre, los soufflés son un acierto. Cada cierto tiempo renuevan la carta. Sin duda uno de los mejores restaurantes de este arrondisement.


L'Hedoniste
14, rue Léopold Bellan / 01 42 26 87 33 / Metro: Sentier o Chatelet/Les Halles
Otro que salió del FigaroScope. Es un restaurante pequeño e íntimo, donde no importa la cantidad sino la calidad. Su cocinero acude cada mañana al mercado y elige los productos que utilizará para el menú del día. Todos son siempre un acierto. Cuentan cada dí a con 3 entrantes, 3 platos y 3 postres. Un lugar para ir con tiempo, con amigos y pasar una noche tranquila.


Le Georges
19 Rue Beaubourg / 01 44 78 47 99 / Metro: Rambuteau
Es el restaurante del Museo Pompidou, y está situado en la última planta. Para acceder por la noche, cuando el museo está cerrado, hay que coger un ascensor que sube por uno de los laterales del edificio… lo que lo hace muy especial. Las vistas son fantásticas, para mí unas de las mejores de París, pero hay que asegurarse que nos pongan una mesa cerca de la ventada. La comida no es nada del otro mundo, sobre todo si pensamos que estamos en París, pero el lugar llama la atención: todo es de diseño y muy moderno: las sillas, los platos, la decoración… ¡yo diría que hasta los camareros! Merece la pena ir por ver un lugar fuera de lo común aunque también se puede visitar sólo la terraza.

jueves, 1 marzo 2012

Angelina, o el mejor chocolate caliente de París

por Marta Reig

Se llama chocolat à l'Africain y es famoso por ser un chocolate caliente espeso, pero ligero gracias a la nata batida. Fundada en 1903, Angelina es una de las chocolaterías más prestigiosas de Francia

Si la fábrica de chocolate de Roald Dahl existierá, probablemente se llamaría Angelina y estaría en París. Este santuario del chocolate lleva más de 100 años creando postres y pasteles y cada año presentan, como si de una firma de moda se tratara, dos colecciones de postres elaborados a partir de este ingrediente adictivo.

Los amantes del chocolate no pueden irse de París sin pasar por aquí y probar sus 2 productos estrella: el chocolate caliente à l'Africain, una receta antigua que vuelve locos a los incondicionales de Angelina y que es famoso por ser muy espeso pero a la vez ligero gracias a la crema batida. El otro postre legendario es el Mont-Blanc, una tarta con forma semiesférica hecha a base de merengue, nata y fideos de castaña.


El chocolate es sin duda la especialidad de la casa y para degustarlo, qué mejor que sentarse en una de las mesas de este salón de té donde antiguamente se daban cita personajes de la aristocracia parisina como Proust, Coco Chanel u otros grandes costureros franceses. El salón fue decorado por el famoso arquitecto de la Belle Epoque Edouard-Jean Niermans, quien supo combinar elegancia, encanto y autenticidad. Angelina es una poesía romántica, un lugar tranquilo y clásico donde pasar la tarde entre delicias de chocolate.


Si preferimos tomar sus chocolates en casa o comprarlos para hacer un regalo, también podemos pedirlos para llevar. Muy recomendable el chocolate a l'Africain en todas sus versiones: líquido en botella, en pasta tipo Nutella o en polvo, ideal para conservar en casa y hacer probar a todos tus invitados.


Esta chocolatería de renombre internacional fue fundada en 1903 por un confitero austriaco que quiso homenajear a su nieta bautizando su nuevo establecimiento con su nombre. Para darse cuenta de la exclusividad del lugar solo hay que fijarse en donde están emplazadas sus 6 boutiques-salones de té: el Castillo de Versailles, el Petit Trianon, el Jardin d'Aclimatation, en Museo de Luxemburgo o el Palacio del Louvre. En el extranjero triunfan en Japón, donde Angelina cuenta con nada menos que 16 corners y tiendas. El chef de Angelina es Sébastien Bauer, de familia de tradición pastelera y alumno de Pierre Hermé. Cada temporada crea y renueva la oferta, proponiendo nuevos y sorprendentes postres, siempre respetando la tradición de las recetas de la casa.

Si eres un apasionado del chocolate, no tienes excusa para no hacer una visita a Angelina y contar a todo el mundo que has probado el que probablemente sea uno de los mejores chocolates calientes del mundo.

En DolceCity París: Angelina





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miércoles, 18 enero 2012

Schwartz's Burger, hamburguesas retro en este diner judío de París

por Marta Reig

En este diner de aire retro se comen unas de las mejores hamburguesas de París. Eso sí, son gigantes, así que hay que ir con hambre para llegar a los postres ¡Hablan maravillas de la tarta de queso!

Le Marais es el barrio gay de París. Pero además, como os conté en este artículo, también se trata del barrio judío de la capital. Entre tiendas de comida Khoser y comercios especializados en productos hebreos como librerías o joyerías, encontramos Schwartz’s Burger, un diner americano judío, al más puro estilo USA años '50. Para encontrarlo sólo hay que buscar los tubos de barbero de rayas azul y rojas que hay situados en la puerta.


Al entrar verás como hay un gran mostrador donde se expone la carne y los embutidos. Es la especialidad de este local y ofrecen la posibilidad de vender para llevar. Si prefieres disfrutar del ambiente retro, te recomiendo que comas en el restaurante. Aunque es cierto que los locales con este tipo de decoración están cada vez más de moda, y algunos respiran a plástico artificial, lo cierto es que Schwartz’s tiene algo diferente que lo convierte en un sitio casi genuino.


Las paredes están llenas de carteles de películas, de fotos del celuloide americano, de portadas famosas de periódicos… En las paredes, pegado a las mesas corridas con asientos de escay, hay un panel de metacrilato transparente donde los visitantes pueden colar su tarjeta de visita. Es un bonito álbum de visitas de toda la gente que ha comido aquí: cantantes, arquitectos, estilistas, peluqueras, contables…


El servicio es mega rápido y los camareros son muy agradables. La carta ofrece sandwiches club, onion rings y 11 hamburguesas. Están las clásicas: normal, cheesebuerger, veggie, bacon (ojo, al ser un restaurante judío el bacon es de pavo) y otras más especiales como la hamburguesa con mozzarella, con salmón, con queso de cabra o con pato. Bañadas en cheddar y huevo frito, aviso que son unas hamburguesas enormes y que vienen acompañadas de un montón de patatas fritas y un bol de ensalada de col. Si no tienes mucha hambre ¡no te la podrás acabar!. Por esta razón nunca he llegado a los postres, pero dicen que la tarta de queso es legendaria.


Como curiosidad, en el mostrador de la entrada venden queso Philadelphia, algo tan común en España, pero tan raro en Francia. Aquí no venden esta marca de queso cremoso. También encontrarás latas de bebidas americanas como Dr Pepper y bagels.


Un lugar para tener apuntado ya que resulta útil cuando estás por el centro y tienes hambre. Al ser tan rápidos, aunque el restaurante esté lleno, sólo tendrás que esperar unos minutos hasta que se libere una mesa.

Precio medio de un menú (hamburguesa, bebida y postre): 20-25 euros.

En DolceCity París: Schwartz's Burger

miércoles, 11 enero 2012

Boutique Maille, la mostaza de Dijon más famosa de Francia

por Marta Reig

¡Si no te gusta la mostaza no puedes ser francés! Eso me decían cuando llegué a París. Maille es la casa "mostazera" más famosa de Francia, donde puedes comprar o rellenar tus tarros de mostaza.

Si hay algo a lo que uno se debe acostumbrar cuando llega a vivir a Francia es a la famosa mostaza de Dijon…. y a su picor. Todos hemos caído: llegas a un restaurante y, mientras esperas tu plato, hay un tarrito de mostaza en la mesa. Como el pan está a mano, coges un trozo, lo untas bien, y te lo metes en la boca. Segundos más tarde te quedas sin aliento y te llora un poco un ojo, sensación que dura tan sólo unos segundos, pero de la que te acuerdas la siguiente vez que ves uno de esos tarritos asesinos en tu mesa.


Los franceses adoran la mostaza y no conciben una comida sin ella: ya sea como salsa de acompañamiento, de aperitivo o como ingrediente de alguno de sus platos. ¿Sabíais que es imposible encontrar una mayonesa en Francia que no tenga mostaza? Para ellos es uno de los ingredientes de una mayonesa básica.

Y lo cierto es que uno se acostumbra a todo, y por eso cuando como, siempre me pregunto… "¿dónde está la mostaza?" Para hacerse una idea de este fuerte tradición en Francia hay que fijarse en como, por ejemplo, existen palabras como "mostazero" (palabra que Word insiste en corregirme como montañero): aquel que se dedica a fabricar mostazas. Y es precisamente de un mostazero de quien voy a hablar en mi artículo de hoy.


Antoine Maille, el mostazero y vinagrero más reputado de todos los tiempos, abría en 1747 en París su primera boutique dedicada al universo de la mostaza. Pronto se convirtió en vinagrero de sus majestades imperiales de Austria y Hungría, más tarde pasó a ser distribuidor real: Catalina II de Rusia comía con sus creaciones. A su muerte, su hijo heredó el negocio y, desde entonces, sus diferentes sucesores han sabido conservar los valores iniciales y el savoir-faire de la casa.



Dispone de únicamente 2 tiendas en toda Francia: una está en Dijon, como no podía ser de otra manera, y la otra en París, en la Place de la Madeleine (a dos pasos de Ladurée). La clave de su éxito, a parte de sus 260 años de experiencia, son las notas que dejó apuntadas en un cuaderno y que aún hoy inspiran la creación de nuevas mezclas. Uno de los secretos que dejó escrito consistía en dejar envejecer los vinagres durante más de un año en troncos roble, contenedor ideal para que la mezcla absorbiera todos los matices de aroma y adquiriera un carácter sutilmente afrutado.


Hoy en día podemos encontrar todas las creaciones Maille en su boutique de París. Hay algunas tan inusuales como mostaza al basílico, de tomates secos y pimientos de Espelet, de chablis y morillas, o incluso de grosellas, de color rojo. Es curioso observar como cada frasco de mostaza tienen bien indicado el nivel de intensidad (¡gracias!). Pero lo más atractivo de la tienda es la posibilidad que ofrecen de comprar un tarro de gres tradicional y rellenarlo ahí mismo con sus dispensadores de mostaza, como si te estuvieran sirviendo una cerveza de barril. Son cuatro los sabores clásicos que ofrecen para recargas in situ: mostaza al vino blanco, mostaza de Chablis (con o sin trocitos de trufa negra) y mostaza a la antigua con Chardonnay.


Un auténtico templo dedicado a la mostaza que es sin duda alguna un lugar de visita obligada por los apasionados de este condimento.

En DolceCity París: Maille
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