FANTASY: Jaime Hayón revoluciona Lladró
por Ariadna AlcañizLa última colaboración entre la firma de porcelana y el diseñador madrileño está llamada al éxito gracias a combinar la técnica de la primera con la magia y el surrealismo del segundo. Aplausos.
Vio la luz en primicia en abril pasado en Milán, pero continúa despertando interés por todo el mundo, como demuestra la reciente presentación que tuvo en noviembre en Nueva York. Se trata de The Fantasy Collection, la última colaboración entre el joven diseñador Jaime Hayón y la prestigiosa empresa de porcelana valenciana Lladró. Una colección que aporta un soplo de aire fresco a la emblemática casa, pues, aunque su solera ha quedado intacta, las figuras se han teñido de un toque de surrealismo, magia y, eso, fantasía que las hace muy modernas. A mí, personalmente, me encanta, mientras que las tradicionales figuritas me provocan más bien aburrimiento, a diferencia de mi compañera Ivana.

No es la primera vez que el responsable de la tienda Together de Camper colabora con la empresa de cerámica. Ya en 2005 sorprendió con la colección Re-Deco, que, sin embargo, tuvo una tímida acogida por parte del público. En esta ocasión, sin embargo, el resultado es distinto de aquél, pues es mucho más atractivo a primera vista. Nombrado de nuevo director artístico de Lladró, el diseñador tuvo un “cheque en blanco” a la hora de conceber esta nueva colección. Y eso se nota. Así, el polifacético creador ha logrado unir en cada pieza la expresividad y la técnica de la prestigiosa empresa de porcelana con su universo único de fantasía y color.
Las piezas se inspiran tanto en temas recurrentes de Lladró, como el amor y la familia, como con referencias de la iconografía propia del artista. De ambas inspiraciones ha conseguido resultados muy interesantes, como, por ejemplo, The family portrait –en el que incluye un toy al conjunto como guiño a su trayectoria- o The Lover, mi figura favorita. Un trabajo con porcelana apto, ahora sí, para el siglo XXI.
En DolceCity Barcelona: Lladró


De pequeños solemos quedarnos con detalles de cada una de las personas que pasan por nuestra vida, detalles que definen a estas personas de una manera inteligente y definitiva. Es casi una paradoja pensar que cuando nos falta uso de razón (eso dicen) tenemos una tendencia innata a situar a cada cual en su sitio y a acertar en nuestros juicios sobre los que nos rodean (qué pena que cuando nos hacemos mayores perdemos facultades).
La nostalgia se apodera de mí al pensar en las figuritas de bailarinas expuestas en la vitrina de mi tía: bailarinas y figuritas de porcelana de Lladró que yo ansiaba tocar. Me quedaba embobada mirándolas. En casa teníamos varias esculturas de Lladró preciosas pero... ¡ninguna era una bailarina! Quizás esa mini-obsesión mía tuviera algo que ver con la bailarina atándose la zapatilla que mi padre le regaló a mi madre después. ¿Lo apreciaba mi madre tanto como yo? ¿Era un regalo también para mí pero lo dirigió a mi madre para que yo no pusiera mis manos en la bailarina y acabara rompiéndola?
Las esculturas de Lladró han ido evolucionando desde la década 1950, manteniendo siempre esa respiración tan característica que hace que, cuando tienes una de ellas delante sabes perfectamente que se trata de Lladró y de ninguna otra marca. Un estilo inconfundible que me deslumbra cada vez que me paro en la boutique del Paseo de Gracia.