lunes, 6 octubre 2008

PRÍNCIPES ETRUSCOS. Entre Oriente y Occidente

por Irene Díaz

Una apasionante civilización por descubrir te espera en Caixa Forum Madrid, ciento setenta joyas de la antigüedad reunidas por primera vez bajo el mismo techo

Principes Etruscos desembarcan en las modernas salas del nuevo Caixa Forum de Madrid. Elegantes y llenas de misterio sus siluetas se distribuyen entre las paredes blancas del moderno edificio. Ciento setenta piezas de la época de mayor esplendor del arte etrusco esperan calladas mi visita en el Paseo del Prado y no pienso hacerles el feo de no ir.

Te hablo de grandes joyas de la antigüedad que han sido temporalmente cedidas por el Museo del Louvre y algunas de las salas de arqueología más prestigiosas de Italia, desde el Museo Arqueológico Nacional de Florencia hasta el Museo Nacional Etrusco de la Villa Giulia y muchos otros más. Una oportunidad única para ver reunido su arte más allá de un simple libro. La mejor manera de entender y comprender a una de las civilizaciones más desconocidas de la antigüedad.


Hay dudas sobre de donde venían y la lengua que hablaban pero nadie se atreve a cuestionar la riqueza de su arte. Todas las piezas de la muestra están fechadas entre los siglos IX y III antes de Cristo. Asentados en la Toscana los individuos de este pueblo dominaron el mundo durante dos escasos siglos sometiendo incluso a la mismísima Roma cuando era todavía ciudad etrusca.


En esta muestra podrás ver tres de las distintas facetas que los caracterizaban: la riqueza a la hora de enterrar a los muertos en características tumbas en las que nunca falta una sonrisa, la pompa de la que hacían gala los príncipes que les gobernaban y lo desarrollada que estaba su condición urbana.

Príncipes etruscos. Entre Oriente y Occidente en Caixa Forum
Hasta el 18 de enero de 2009



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Cinélite: Say yes

por Álvaro Pedraz

¿Buscan una película realmente inquietante sobre el psicópata de turno persigue parejas? Les ofrecemos la mejor de los últimos tiempos, es coreana…

Señores hollywoodienses realizadores de terror barato y casposo responsables de hacernos ver cosas tales como: ‘Habitación sin salida’, ‘Saw IV’, ‘Carretera al infierno’, ‘Parking 2’ y demás tropelías… tomen papel y boli, porque la sexta pasada del director coreano Kim Sung-Hong de 2001 les debería enseñar algunas cosillas sobre cómo hacer las cosas:

Punto 1: La parejita. dentro de este subgénero de terror o thriller la peor tara que poseen las producciones vulgares es presentar a una parejita feliz que da grima verlos. Aquí, si bien es cierto que escapan a la playa para celebrar su primer aniversario y todo parece muy romántico, no hay estupideces ni ñoñería. Hay hipotecas, ilusión por nuevos contratos de trabajo, discusiones por si se pueden permitir comprar un coche…, en definitiva, normalidad, sensatez. Hay romanticismo pero cotidiano y dentro de la normalidad, sin bobadas.

Punto 2: El psicópata. Es importante hacerlo razonablemente creíble, a ser posible un trastornado mental, pero por su incapaz de sentir dolor o conciliar el sueño. Un perturbado en el sentido de su imposibilidad para sentir, no para pensar o planear. Aquí la estrategia de dejarse dar una paliza para denunciar a su víctima es maravillosa. Su acoso a las víctimas es asfixiante, implacable, pero sin perder nunca la planificación, la motivación razonada. Además ya puestos a infligir dolor, que sea salvaje, auténtico, y vaya si lo es en esta ocasión. Va de menos a más y las secuencias finales son de 'mírame y no me toques'. Y bastante importante es la interpretación. Aquí es de matrícula. Pura expresión sádica, de aquellas que el espectador no para de murmurar ‘Ostrás, qué hijo de…’ Saca de quicio, causa impotencia (en el buen sentido), angustia y asombro. Hacerlo bien es todo un mérito.

Punto 3: El entorno. Ha de ser algo creíble, es decir, habrá pueblos por medio, policías, personas que se crucen en los objetivos del asesino. Gente que pase por ahí, obstáculos, cosas que hagan creíble y absorba al espectador aún más en la trama. Ha de existir planteamientos creíbles de escapar, de pedir ayuda. Se deben explorar todas las posibilidades de huir de la situación planteada, como haría toda persona normal en una situación límite. Nada de -¡uy!, voy a ver si me meto por aquí no viene el lobo…- o -me voy a quedar a oscuras con un letrero que ponga para asesinar, razón aquí.- Las víctimas deben mostrar auténtica angustia y voluntad de huir a toda costa del psicópata, sin boberías preparadas.


Tres puntos esenciales que marcan un glorioso, brutal y angustioso thriller asiático, con ese manejo de la lluvia y de la violencia, tan característico y tan gozoso. Para tomar nota.



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