ESTRELLA MORENTE y DULCE PONTES en el Patio del Conde Duque
por Pepe DíazDulce Estrella es el nombre del sorprendente unión de fado y flamenco en las voces de dos cantantes excepcionales.
Las giras a dos suelen reunir a artistas de estilos similares que se dedican a desgranar sus éxitos haciendo algún que otro dueto. Dulce Estrella, la serie de conciertos que unirá las voces de Estrella Morente y Dulce Pontes, no será así. Ambas cantaran conjuntamente temas nuevos y composiciones populares. Dos enormes voces, la de Ponte seguramente la mejor de Portugal, poderosa y dramática, y la de Morente ya un valor seguro del flamenco y un nombre propio a pesar del enorme influjo de su padre.
Dulce fue la responsable del renacimiento del fado en Portugal, aunque ella prefiere denominarse ‘artista de la World Music’, pues toca otros palos como el pop o el folklore portugués. Su últimos discos de estudio son ‘Focus’ (2003), en el que unió su nombre al del genio italiano Ennio Morricone, y ‘O Coraçao Tem Três Portas’ (2006).
Morente, por su parte, también dejó su última entrega en 2006: ‘Mujeres’, un homenaje a las mejores voces femeninas del flamenco. El culmen de una carrera fulgurante que empezó en 2001 con ‘Mi Cante y un Poema’, álbum con el que daba su primer paso en solitario obteniendo un disco de platino.
ESTRELLA MORENTE y DULCE PONTES en el Patio del Conde Duque
22 de julio de 2008 a las 21.30 h
Entradas: de 36 a 48 euros a la venta en telentrada.com
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Hace unos meses,
El blanco y el marrón contrastan con el granate y las paredes espléndidamente decoradas. En la carta, todo tipo de hamburguesas con los mejores ingredientes que son exquisitamente combinados. Pocos sabores se parecen a las carnes ecológicas de Home Burguer.
Quizás una de las más entrañables defensas de lo cotidiano, de lo sencillo frente a la complejidad y su aparatosa tecnología venga de la mano de un personaje irrepetible del cine, una especie de Charlot francés, un Mr. Bean galo. Se trata de aquel genial director y actor francés de ascendencia rusa que se jactaba de no haber estudiado nunca cine, Jacques Tati, esta vez embutido en su inolvidable Mr. Hulot, con aquella gabardina, pipa y peculiar gorro eternos, en una de las cuatro únicas películas en las que desarrolló el personaje de las ocho totales de su filmografía como director.