martes, 8 julio 2008

MANOLO GARCÍA en el Palacio de los Deportes

por Pepe Díaz

Nueva entrega de Manolo García es igual a nueva serie de llenos asegurados.

Durante el año y pico que pasé en París el artista al que más escuché fue a Manolo García. Y no porque yo quisiera, no. Tenía un jefe  que realmente era un fan irredento del barcelonés –trabajaba en una empresa española- y el tío no paraba de poner disco tras disco.

La verdad es que en cuanto Oscar -ese era su nombre- se alejaba yo cambiaba inmediatamente la música. García, en mi humilde opinión, hace invariablemente el mismo álbum en cada ocasión. La sobredosis de un artista al que uno respeta, aunque no le aplauda, puede acabar en odio.

No es mi caso. Entiendo lo que le encuentra su público a Manolo: es un habilidoso letrista que mantiene vivo el recuerdo de El Último de la Fila, tiene un peculiarísima forma de cantar –entre aflamencada y rockera- y mantiene alto el listón en cada disco, cuidando el nivel de cada tema. No tiene sólo dos o tres singles por disco.


Para mantener ese nivel García cuida la producción de sus discos hasta el extremo. De hecho para que llegase su cuarto disco de estudio en solitario,‘Saldremos a la Lluvia’ (2008), que el cantante ha grabado en Grecia, han tenido que pasar 4 años desde ‘Para que no se Duerman mis Sentidos’.

MANOLO GARCÍA en el Palacio de los Deportes
25 de septiembre de 2008 a las 22.00 h
Entradas: de 28 a 32 euros a la venta en servicaixa.com



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Cinélite: Sospechosos habituales

por Álvaro Pedraz

Analizamos una de las películas que mejor ha sabido encumbrar a un solo personaje alrededor del cual gira toda la proyección...

El mejor truco que ha utilizado el diablo es convencer a la humanidad de que no existe’. Buen propósito inicial para desarrollar un personaje sobre el que gira la segunda película del joven y comercial director Bryan Singer, responsable de ‘Superman Returns’ o las dos primeras entregas de ‘X-Men’ aunque también productor de la gran serie ‘House’.

A los personajes se les debe dotar siempre del empaque y la importancia que merecen. Quizás uno de los mejores ejemplos resida en esta película de 1995, porque crea una atmósfera muy meritoria en torno a un único personaje. Basado en un criminal real que permaneció 17 años desaparecido, y que aquí se oculta tras una lograda nebulosa hasta el desenlace final. Si bien es cierto que, una vez vista y resuelta, su revisión pierde tantas propiedades como el zumo abierto, sí que supone un buen ejemplo contemporáneo de otorgar a los personajes de la presencia y relevancia que les hace grandes. ‘Keyser Sozé’, la encarnación del mal sin escrúpulos, al que nadie conoce y todo el mundo teme. Desde luego los propósitos son interesantes.

El reparto es atinado, con Kevin Spacey en uno de sus mejores papeles, Chaz Palminteri, Benicio del Toro, Gabriel Byrne (interpretando a un personaje cuyo nombre es el verdadero suyo) y Stephen Baldwin configuran un reparto de lo más apañado. 


Tampoco es que sea una genialidad tipo ‘Casablanca’ a la que el título homenajea recogiendo uno de sus diálogos, pero sí que resulta una buena lección de cómo enmarcar para la posteridad a un solo personaje. Una decente ‘Película marco’, que podría decirse.




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