LAS LUNAS DEL HIPÓDROMO. El nuevo complejo social nocturno para la gente de bien
por Esther Polo“Siete Hermanas para siete Hermanos” rezaba el clásico de Hollywood y siete terrazas para siete lunas es en esencia lo que propone el Grupo Paradís para las noches de veraneo de la gente pija (es con cariño) de la capital. Una propuesta inédita y muy “classie” que nace con la vocación de convertirse en club social de urbanización de lujo para la gente de bien. Se trata de un emporio nocturno de siete barras, dos restaurantes, una heladería y un mercadillo en pleno Hipódromo de la Zarzuela.
“¿Cómo de grande es aquello?”. Soy la única persona que conozco que se hace preguntas a sí misma que no sabe responder. No tengo ni idea de las hectáreas del particular “mall” pero para que te hagas una idea el pasado 1 de junio cerca de 7000 almas snob acudieron a la llamada de la barra libre inaugural. Te propongo un plan. Pero la condición es que tendrás que llegar pronto o no te dará tiempo a todo.

Las Lunas del Hipódromo comienzan a brillar cada noche de lunes a sábado a partir de las 21.30h y hasta las 3.30h, momento en el que tanto la Luna del Desierto como la de Tarifa, Bali, Ibiza, Bora-Bora, Cuarto Creciente y Manhattan se desvanecen hasta quedar en silencio. Primero un heladito artesanal “pal pecho por la buena elección que hemos hecho”. Después un paseíto inaugural por las quince tiendas instaladas en el mercadillo. De corte ibicenco y con artículos de todo tipo y de todos los lugares del mundo, será casi imposible que no acabes con alguna pijería –nunca mejor dicho-.
¿Tapeo o cocina mediterránea? En eso consiste la oferta gastronómica de los dos restaurantes del completo que para alegría de muchos noctámbulos hambrientos cierran tarde. Y ya que estamos allí ¿para qué moverse? Escoge luna y tómate la primera copita, la segunda y tantas como te apetezcan o te de el cash. Por supuesto en cada planeta luna en el que aterrices serás recibido con una música y ambiente diferente. Eso sí, como en toda terraza de nivel que se precie no faltarán las jaimas, los cojines, las tumbonas de madera, las velas… y por supuesto la música chill out suavecita que siempre sienta bien. Vuelve el icono nocturno más pijo de los 80.
En DolceCity Madrid: Las Lunas del Hipódromo
“¿Cómo de grande es aquello?”. Soy la única persona que conozco que se hace preguntas a sí misma que no sabe responder. No tengo ni idea de las hectáreas del particular “mall” pero para que te hagas una idea el pasado 1 de junio cerca de 7000 almas snob acudieron a la llamada de la barra libre inaugural. Te propongo un plan. Pero la condición es que tendrás que llegar pronto o no te dará tiempo a todo.

Las Lunas del Hipódromo comienzan a brillar cada noche de lunes a sábado a partir de las 21.30h y hasta las 3.30h, momento en el que tanto la Luna del Desierto como la de Tarifa, Bali, Ibiza, Bora-Bora, Cuarto Creciente y Manhattan se desvanecen hasta quedar en silencio. Primero un heladito artesanal “pal pecho por la buena elección que hemos hecho”. Después un paseíto inaugural por las quince tiendas instaladas en el mercadillo. De corte ibicenco y con artículos de todo tipo y de todos los lugares del mundo, será casi imposible que no acabes con alguna pijería –nunca mejor dicho-.
¿Tapeo o cocina mediterránea? En eso consiste la oferta gastronómica de los dos restaurantes del completo que para alegría de muchos noctámbulos hambrientos cierran tarde. Y ya que estamos allí ¿para qué moverse? Escoge luna y tómate la primera copita, la segunda y tantas como te apetezcan o te de el cash. Por supuesto en cada planeta luna en el que aterrices serás recibido con una música y ambiente diferente. Eso sí, como en toda terraza de nivel que se precie no faltarán las jaimas, los cojines, las tumbonas de madera, las velas… y por supuesto la música chill out suavecita que siempre sienta bien. Vuelve el icono nocturno más pijo de los 80.
En DolceCity Madrid: Las Lunas del Hipódromo
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Pobre Anne Clark. Pese a la calidad de su música -con la que ha llegado a erigirse en referencia de la electrónica- y aunque pocos músicos puedan exhibir una dedicación similar y un currículo tan impoluto a la de South London le ha esquivado siempre el gran éxito. Por lo menos el comercial. 
¿Puede un director vulgar hacer una gran película? Por supuesto. ¿Por qué? Porque lo que realmente importa, tanto en cine como en muchas otras artes, es, repitan conmigo, el guión; la historia. Qué más da que esta película de 1993 sea la novena película del director Tony Scott (el hermanísimo de Ridley) responsable de penurias como ‘Top gun’ o ‘Superdetective en Hollywood II’, entre muchas otras. Qué más da que la traducción del título original (‘True Romance’) vuelva a ser una castaña… Qué más da todo cuando el guión lo firma ni más ni menos que Quentin Tarantino (lo vendió por lo mínimo para financiar ‘Reservoir Dogs’), es decir, el único director norteamericano sin ascendencia europea de gran talento y actual referencia del cine contemporáneo. Qué más da que salgan Coca-colas, hamburguesas, tiros, montañas rusas y ciertos infantilismos exagerados cuando la historia es buena, cuando los diálogos son ingeniosos, cuando la trama desea ser contada y desea escucharse.