martes, 10 junio 2008

MÓNICA NARANJO en el Palacio de los Deportes

por Pepe Díaz

Después de siete años cuasi-desaparecida la Naranjo ha vuelto a lo grande. Europa, un tema incalificable de más de 6 minutos de duración ha sido la carta de presentación de ‘Tarántula’ (2008), quinto disco de estudio de la Pantera de Figueres. Incalificable porque en él canta en alemán, italiano, francés y castellano, solapa estilo tras estilo con los arreglos más abigarrados del mercado e imposta todo tipo de voces.

Tampoco es que nadie estuviera esperando minimalismo o contención de la catalana. Conocida masivamente en España tras la publicación de su segundo álbum ‘Palabra de Mujer’ (1997), con una reputación de diva ya ganada en México, la Naranjo es indiscutiblemente nuestra cantante más excesiva.

Dotada de una potencia vocal extraordinaria –sus registros cubren prácticamente todo el espectro de graves y agudos- con la que registraba enérgicas e intensísimas canciones como ‘Desátame’ o’Sobreviviré; Mónica será también recordada por la impactante imagen que lució durante varios años, especialmente aquel pelo bicolor.


De esa inquietante faceta, sin embargo, no parece que quede mucho en la artista centrada de 33 años que hasta ha formado una familia. Aunque en el plano musical no haya pisado el freno, precisamente. Vuelve la diva.

MÓNICA NARANJO en el Palacio de los Deportes
19 de septiembre de 2008 a las 21.30 h
Entradas: de 29 a 36 euros a la venta en El Corte Inglés



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¡COMICAPELA!, humor y música a capela en el Bellas Artes

por Esther Polo

A veces me parece mentira como puedo ser tan ignorante. Doce años sobre los escenarios, más de 1300 conciertos a sus espaldas, tres discos y un DVD en el mercado y yo sin tener ni idea hasta hace diez minutos de quién era la formación española B Vocal. ¿Qué os parece si mientras me pienso si cortarme las venas o dejármelas largas os voy poniendo la miel en los labios con detalles del nuevo espectáculo de este grupo vocal en el Teatro Bellas Artes de Madrid? 


Se llama ¡Comicapela! y es lo último de lo último en espectáculos fusión. Música y Teatro cabalgan de la mano, en un show en el que se mezclan géneros dramáticos como el cabaret, la comedia o el music hall con otros puramente musicales como el swing, el rock, el jazz, la salsa, el pop o el espiritual negro. ¡Vamos, como mezclar las churras con las meninas! Aunque lo más curioso de todo, conseguir dar coherencia a todos estos palos ya sería suficiente, es que B Vocal no necesita instrumentos musicales para hacer música. Ahora si que conseguí dejarte con la boca abierta, lo sé.

Lo mismo las voces de B vocal se convierten en una batería que en una trompeta, una guitarra eléctrica, un trombón o un set de percusión latina. ¿Quién nació antes el huevo o la gallina?, ¿qué es más importante para hacer música la voz o los instrumentos? B vocal lo tiene claro. Un homenaje muy particular, al instrumento más elemental del ser humano: la voz y también al lenguaje que mejor transmite los sentimientos, el humor. 


Prepárate para ver desfilar por el escenario del Teatro Bellas Artes desde mañana y hasta el día 15, personajes de todas las épocas, transmitiendo su música como se les antoje. Eso sí, todos con su puntito de humor. ¿Te imaginas al hombre de cromañón descubriendo su voz de forma inesperada? ¿Y la ceremonia de Eurovisión en el s.XV? Pues ellos sí, y no dudes que están aquí para contártelo, o mejor dicho para cantártelo. 

¡Comicapela!
Teatro Bellas Artes de Madrid
Del 11 al 15 de Junio de 2008



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DENTRO POR FUERA, una contemporánea visión del amor

por Irene Díaz

Que bonito es el amor, especialmente si lo has encontrado. Yo presumo de haberlo hecho, pero no me tengáis envidia, el secreto no está en dar con tu príncipe azul, ese tipo además de no existir está pasado de moda. La llave del amor eterno depende sólo de ti, has de saber compartir. Ahí queda eso...

Mientras le das vueltas al coco te recomiendo pasarte por una de las exposiciones fotográficas más originales que ha ofertado nuestra ciudad, se trata de Dentro por fuera, una repaso por la especial concepción del amor que tiene la fotógrafa holandesa Ellen Kooi.

Es la primera vez que expone su obra en nuestro país y para la ocasión su objetivo ha querido captar una nueva y contemporánea visión del amor, un trabajo muy personal que a mi concretamente me ha impactado. Se trata de una exposición de fotografía de esas que nada tienen de típicas o tópicas, la Casa Encendida es experta en ofrecer este tipo de eventos.

Tomando como punto de partida el paisaje holandés la innovadora fotógrafa que nos ocupa recrea con sus composiciones acontecimientos ambiguos e inexplicables que a pesar de desconcertar al espectador le sumergen en una atractiva atmósfera de paz.

No te confundas, seguro que al igual que yo tienes tu cámara en casa y de vez en cuando te sientes Robert Capa pero esto va mucho más allá, para llegar a conseguir esto Ellen comienza haciendo dibujos preparatorios, trabaja con los modelos, diseña la iluminación y las localizaciones de la misma manera que lo hacen en el cine y cuida cada detalle como si de un antiguo pintor barroco se tratase. Acércate a descubrir su arte.

Dentro por fuera
Hasta el 15 de junio de 2008
La Casa Encendida


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ELLA ES EL PARTIDO, de George Clooney

por Álvaro Pedraz

Adoptar un estilo no significa tener estilo. Tener percha no es lo mismo que tener elegancia. Con mal imitar el estilo clásico no se consigue transmitir las sensaciones de éste. El estilo clásico años 20 significaba en cierto modo, un tipo de superación. Había miseria, había hambre, corrupción; el mundo era cruel, urbano y salvaje, pero aún así, a pesar de la profunda tristeza y el desamparo, un tipo se vestía elegantemente como homenaje y respeto a sí mismo, como superación. Sobrevivir ahogaba, pero ahí estaba su dignidad, que se sobreponía a las penurias en forma de traje inmaculado.
Eso era estilo, eso era elegancia, aquel que sobresalía del fango. El que se erigía con éxito desde el fracaso más cotidiano. Imposible por tanto de imitar desde la comodidad moderna, desde el lujo sin sufrimiento, sin mérito. Jamás podrán transmitir las sensaciones clásicas unos tipos que han tenido una vida ‘de película, resuelta, que se revuelcan en el éxito y el aplauso. La vida fácil nunca tendrá la expresividad y la capacidad de transmitir que tenían los que pasaron por mil y un descalabros, mil y un desengaños. Por eso resulta tan fallida la tercera película como director del publicitado George Clooney, porque sus propósitos son interesantes pero su autenticidad nula.

La historia resulta indiferente y la ambientación tan falsa como el estilo mencionado. Siguen errando en una atmósfera sin mácula, de trajes impolutos (¡incluso uniformes de soldado en embarradas trincheras!), puñetazos que apenas marcan, calles limpias, coches antiguos novísimos y edificios, mejor dicho, decorados recién puestos. Un ambiente bienintencionado y con buena música, pero que no mancha, que no es creíble, flotando casi ajeno a los personajes.
Además el humor se reduce a gestitos ñoños, ojitos, poses y caritas carentes del ingenio que pretendían, sin conseguirlo, unos diálogos muy preparados. El galanteo romántico es penoso (eso tampoco es estilo) y las peleas de puños y redadas son de risa (es decir, que no hacen ninguna gracia). El argumento es absolutamente previsible y el partido final es tópico y típico.

Clooney sabía lo que quería expresar y ejecuta con eficacia su ristra de gestitos y poses anunciadas de anuncio, y llega a cansar. John Krasinsky siempre estará mejor en su papel de la gran serie ‘The Office’ (como no, también plagiada por los americanos) y lo de Renée Zellweger es caso aparte. De verdad que hay planos en los que parece que asistimos a una reposición de ‘La novia de Chucky’ (menudo partidazo). Las bondades del Botox son falsas y la sola idea de que cualquier espécimen varón suspire por ella resulta más que impensable. La química de pareja es imposible y se contribuye con ello a ese aire general tan poco auténtico, tan forzado.


Deja al espectador tal y como entró, ni más ni menos. No da una lección acerca de las ventajas de la pillería o de la experiencia madura frente al físico ejecutor de la juventud funcional moderna. Más que nada porque no resulta creíble ni una postura ni la contraria. En general, las hay peores, y la intención es noble, pero el estilo es otra cosa bien diferente. Nunca significará lo mismo ver a Bogart trajeado por aquellos antiguos suburbios corruptos que ver a Clooney trajeado por ‘moralejas’ modernas, llenas de vidas fáciles y huecas. Lo primero siempre tendrá más mérito, qué duda cabe.


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