martes, 3 junio 2008

TABERNA LA PLAZA, buena comida en El Pardo

por Raquel Lozano

Os lo adelanté hace no demasiado y yo, como soy chica de palabra, cumplo mis promesas, o mis amenazas -todo depende de cómo se mire-. No sé si recordaréis mi vista al Real Sitio de El Pardo. Allí, además de la visita cultural, que mereció la pena, también tuvo lugar su correspondiente tour gastronómico.

Después de mucho dudar, como siempre me sucede, encontré un sitio que me convenció al ver en la carta la ración de “tirabuzones de pollo al cabrales”. A mí el queso no es que me guste mucho, la verdad, pero los tirabuzones están muy buenos. 

Una vez allí, me gustó la decoración. Con un estilo rústico, la zona de comidas es pequeña pero muy acogedora. Decorada hasta el último detalle. Cuanto más tiempo pasaba, más me recordaba ese espacio a otro lugar. La clave fue ver la carta. Muchas de las raciones y sus tostas -bueno, y el diseño de la misma carta- eran iguales a las de la taberna Los Ángeles, un restaurante que me encanta y que se encuentra a 10 minutos de Sol. Charlando con el camarero, éste me descubrió que son del mismo dueño. Toda una casualidad. 


Con estos antecedentes sabía que la comida me iba a gustar, pero La Plaza tiene otro valor más y es que a la calidad y variedad de sus platos, este lugar añade algunas especialidades más. La caza es típica de la zona, por lo que la fauna local se convierte en protagonista de algunos de sus mejores manjares. Probé un arroz con gamo que estaba delicioso. Además de por el sabor y textura de su carne, porque la forma en que estaba cocinado era exquisita.

Fue un día redondo. 

En DolceCity Madrid: Taberna y Sidrería La Plaza



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PAUL ANKA en el Patio del Conde Duque

por Pepe Díaz

A Paul Anka, para su desgracia, probablemente se le recordará para una canción que hizo para otro. O más bien adaptó, pues ‘My Way’ es una versión del ‘Comme d’habitude’ de Claude François, el famoso cantante francés también conocido como Cloclo. Pero, todo sea dicho, Paul la llevó, mejorándola, a su inolvidable versión en inglés para que La Voz le pusiera voz.


Y no es que le falten éxitos en su propia carrera. Comenzó en los 50 como cantante para jovencitas y poco después se reveló como un súperventas de la canción melódica con temas como ‘Put Your Head on My Shoulder’ o ‘Diana’, que sigue hoy día siendo uno de los singles más vendidos de la historia.


En los últimos años Paul ha seguido manteniendo multitud de proyectos. Ha sido uno de los artífices del éxito del crooner clásico de más éxito de los últimos años, el canadiense Michael Bublé. En 2005 sorprendía a propios y extraños, entre los que me incluyo, llevando al jazz temas como ‘Wonderwall’ de Oasis o ‘Smells Like Teen Spirit’ de Nirvana en su álbum ‘Rock Swings’.

Y por fin el año pasado, tras 35 años sin aparecer por nuestro país, Anka volvió a España para dar 3 conciertos, uno de ellos en el Auditorio del Torreón de Pozuelo. Sin pretender en ningún caso desmerecer a la localidad en la que he residido muchos años, se me antoja más mágica esta nueva visita en el marco de Los Veranos de la Villa.

PAUL ANKA en el Patio del Conde Duque
31 de julio de 2008 a las 21.30 h
Entradas: de 48 a 70 euros a la venta en telentrada.com



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Clásico de cine del mes: El Quinteto de la muerte

por Álvaro Pedraz

La muerte reconforta cuando la sirve una cándida ancianita en forma de humeante taza de té’. Pero y qué difícil es hacer comedia decente. Qué difícil es encontrar, y más en los tiempos que corren, un humor afilado y sugerente. Qué complicado es ver algo diferente al gracejo de eructos tras zampar hamburguesas. Por eso, en cine, casi siempre es buena opción cobijarse en los clásicos. De cuando no había más salida que tener una buena historia y unas buenas interpretaciones porque no existían efectos con los que cubrir su carencia.

Cómo se añora también esa flema clásica británica. Aquella con la que se decían o hacían las mayores barbaridades sin perder nunca la integridad y la elegancia embutida en trajes impolutos. Una ironía y unas torpezas realmente divertidas sin la menor mueca de impostura. Y su mejor ejemplo quizá resida en la sexta obra maestra de 1955 del director de origen escocés, Alexander Mackendrick, muy mal traducida (‘The Ladykilllers’, casi igual) y que no tiene nada que ver con el horrible remake yanqui con Tom Hanks por mucho que estuviese dirigida por los Coen.

El atraco perfecto y el rival más temible; una ancianita de bondad ilimitada que acogerá sin saberlo a unos criminales y que será la causa de su perdición. Un guión maravilloso, tanto en el planteamiento del robo como en las inolvidables secuencias de puro contraste entre la más cándida dulzura y los más bajos instintos delictivos. Una mezcla gozosa, espléndida, desarrollada de una forma muy hogareña, acogedora, casera. Muchas secuencias se dan en espacios pequeños, preciosos, con pocos personajes y magníficas interpretaciones, un enorme Alec Guinness, Peter Sellers y esa mítica abuelita, Katie Johnson, moviendo los hilarantes hilos de la comedia con cierto aire teatral pero en el mejor sentido de su término. Con una de las situaciones más divertidas e imprescindibles del cine en la que un grupo de ancianas rodean con fervor maternal a los desorientados delincuentes. Obligatoria.

También es una película muy sorprendente en muchos detalles tan asombrosos como ingeniosos. Cuadros imposibles de poner rectos debido a los bombardeos sufridos por la casa, gritos de bebés en su carrito al acercarse la bondadosa anciana, reflexiones en planos donde el rostro del personaje tiene al lado los pies de la víctima que sujeta hasta el momento preciso de tirarlo desde un puente a trenes en marcha, grifos que para funcionar requieren certeros martillazos…


Una estupenda obra maestra, con la que podrán usar el término 'divertida' con honestidad, sin referirse a patochadas infantiles. Un guión de lujo y unas situaciones cómicas para el recuerdo.
Una mezcla perfecta entre la inocencia senil y las fechorías de malhechores, más bien avenida que el mismísimo Gin-Tonic.


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