domingo, 18 mayo 2008

LOS OSOS DE dEMO se instalan en el Westin Palace de Madrid

por Irene Díaz

Seguro que conoces los de Tous pero… ¿Sabías algo de los osos de dEmo? Son mucho más exclusivos, únicos e inalcanzables para el bolsillo y no los encontrarás en las mantas. Se trata de diez enormes esculturas que han tomado la azotea de un conocido hotel madrileño como guarida, estas criaturas tienen más de dos metros de altura y se han instalado en el Hotel Westin Palace de Madrid para celebrar la inauguración de su fachada recién pintada.

Son los osos de dEmo, Eladio de Mora, un original escultor de Mora, Toledo, que nació en 1960 y se ha empeñado en hacer salir el arte a la calle para uso y disfrute de los más curiosos viandantes. Sus obras están a caballo entre el pop-art y los expresionistas, inspiradas en elementos cotidianos suelen rescatar objetos de la infancia. La combinación de colorido, formas simples, desproporción e ingenuidad que dEmo consigue no deja indiferente a nadie.

En los últimos años sus esculturas han decorado los exteriores de grandes museos españoles e internacionales pero hasta ahora ningún lugar había resultado tan atractivo como la azotea del Palace, cualquier excusa es buena para darse una vuelta por ella y otear el horizonte desde las alturas. Vacas, osos, patos, buzos, coches, biberones, botijos, gatos, macetas, tenistas, payasos, robots e incluso Meninas, dEmo se ha hecho hueco entre los artistas más originales y queridos del momento con sus repetitivos motivos. Pero de entre todos sus iconos han sido los osos los más reclamados, tanto que han visitado ya el Parque Ferial Ifema de Madrid, los Jardines Botánicos de Madrid y Gijón, la ciudad de Logroño, ahora llegan al emblemático Westin Palace de Madrid.

Osos de dEmo
A partir de 1 de mayo de 2008 y hasta finales de año
Hotel Westin Palace



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Cinélite: Intacto

por Álvaro Pedraz

Thriller con tintes internacionalistas y película española suelen ser términos antagónicos. Lo pudimos confirmar hace poco con la tremendamente forzada ‘Proyecto dos’. Pero las excepciones suelen llamar la atención con mayor motivo. Es por esto, que el primer largometraje en 2001 del director canario Juan Carlos Fresnadillo, que más tarde ‘cumpliera’ con el encargo de la secuela ’28 semanas después’, sea un gozoso escorzo en la mediocridad habitual de este tipo de producciones.

Una de las tramas más originales de las realizadas actualmente, con secuencias impactantes para el recuerdo (la carrera a través del bosque es gloriosa), técnicamente muy bien hecha, narrada con gran estilo (ese bolero sirviendo de fondo a la violencia), interpretaciones de lujo con un Leonardo Sbaraglia inmenso, grande Eusebio Poncela y cameo de un mito como Max Von Sydow (esto es un cameo decente y no el que hizo paraHora punta 3’…) junto con unos muy significativos planos vienen a configurar esta especie de leyenda urbana, de mitología cotidiana, de sociedades secretas del día a día, de fábula del asfalto. Una maravilla.

Aquí no sobra nada, todo atiende a un plan preconcebido. Paradójicamente, una película que versa sobre el azar, no deja nada a su suerte. Todo significa algo, como en las películas de verdad. Una gran oportunidad para desdecirse de los tópicos de nuestro cine patrio con esta proyección de suspense trabajado y creíble pese a ser mucho más fantástica que el resto de su tipo, y pese a no faltarle diálogos en inglés con esos acentos tan cañís que tan ridículo suenan (mezclar discursos ‘in english’ con nombres como Federico, se hacen poco asimilables cuanto menos). 


Pero al fin y al cabo, una pequeña joya por encumbrar, original y detallista, que provocará en el espectador todo tipo de sensaciones menos dejarle precisamente Intacto.



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