miércoles, 7 mayo 2008

LAS FIESTAS DE SAN ISIDRO se renuevan

por Irene Díaz

Ya están aquí las Fiestas de San Isidro, este año pintan mejor que nunca, nada de verbenas descastadas y pichis pasados de moda, que como todos los años también los hay. Este año se han querido recuperar las batallas navales con las que disfrutaban los más altos representantes de la nobleza del siglo XVII mientras retozaban frente al estanque del retiro. Como lo oyes, si te acercas al noble parque de la capital podrás disfrutar en vivo y en directo de las antiguas naumáquias, un divertido espectáculo de luces y fuegos artificiales en el que la diosa Cibeles se enfrentará a Neptuno cada día a las diez y a las once de la noche.

Pero eso no es todo, nuestro patrón vienen este año cargado de novedades, tras el tradicional pregón de la Plaza de la Villa que dará el pistoletazo de salida con Greta, Charo Reina, Manu Tenorio y Las Supremas de Móstoles entre otros vendrá el espectáculo ¿Bailamos? recreando los años treinta con sus once bailarines y en las Vistillas tocará Formula V junto a Olga Ramos. Todo esto gratis, no te quedes en casa y si lo haces más te vale buscar una buena excusa. 
 
Como guinda de la tarta, las fiestas homenajean este año a Federico Chueca, se conmemora el centenario de su muerte y no podía faltar en el programa un reconocimiento al compositor. Para recordarlo se representará una de sus piezas más conocidas, Plaza Mayor, una zarzuela de lo más castizo en la que se podrá ver cantar a David Muro, uno de los chicos de Escenas de matrimonio.

El simpático cartel del gato que ha ganado el concurso esta edición funciona como gancho perfecto para una convocatoria pública de la que no están exentos los más pequeños de la casa, para ellos este año habrá todo tipo de actividades, la mejor de ellas, Titirimundi, el universo de las marionetas desembarca en la capital llenando de magia nuestras fiestas.

Fiestas de San Isidro
Del 14 al 18 de mayo de 2008
Plaza de la Villa, Parque del Retiro, Plaza Mayor y Las Vistillas



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IRON MAN, de Jon Favreau

por Álvaro Pedraz

Normalmente, cuando el cielo está encapotado (¿quién lo desencapotará?) y suenan truenos acaba por llover. Vamos, que se venía venir de la misma forma que se ve venir la cuarta película de este director y actor neoyorquino.

Enésima recreación de superhéroe Marvel en pantalla, esta vez de una forma un tanto más directa quizás. Es la fantasmada que todo el mundo espera, y no defrauda, los efectos son de los hipnóticos y la armadura es tan espectacular como se sospechaba; la diferencia a su favor es el carecer de las ñoñerías horteras de ‘Spiderman 3’ o la majadería adolescente de ‘Deformers’, por poner algunos ejemplos.
El ritmo inicial es adecuado pero decae según avanza, haciéndose cansina al final y eso sí, no se salva de contener unos detalles lamentables, tales como que le suene el móvil en la armadura o diálogos con discursos que dicen literalmente: -‘Así lo hacía papá, así lo hacía Norteamérica’- o –‘Llevo dos meses en cautividad y quiero hacer dos cosas: la primera comerme una hamburguesa’- (daban ganas de no seguir viendo)

También deja la sensación de haber desperdiciado una gran ocasión para hacer un verdadero alegato antimilitar. Un tipo que amasa su fortuna gracias a la industria del armamento y que, tras un suceso, toma consciencia de su peligrosidad y decide cambiar de bando. Lo tenían todo para hacer una apuesta política valiente pero se queda en una floja postura y nada comprometida en rendido favor a la comercialidad, una vez más.

En cuanto a las ‘interpretaciones’, reconocer el buen hacer de Robert Downey Jr., que clava el papel de soplagaitas multimillonario (¿halago?) encajando mejor que otros rostros de mazapán vistos en el papel de super-arácnidos. El resto del reparto es muy de florero típico de superhéroes en la gran pantalla. Gwyneth Paltrow de cándida secretaria y Jeff Bridges de malo malísimo, que si ponen a otros el resultado hubiese sido el mismo. Los papeles sin efectos especiales es lo que tienen.


En fin, lo que se espera. Grandes efectos, buen ritmo que decae bastante tirando al final, diálogos para olvidar y un guión cargado de patrañas tecnológicas. Algo más sobria que otras de su género pero sin dejar de ser pasto de ávidos adolescentes y espectadores con ganas de desenchufarse viendo diapositivas tan llamativas como incongruentes. Nada más.



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