martes, 15 abril 2008

JAMES BLUNT en La Riviera

por Pepe Díaz

Ustedes y yo recordamos, aunque algunos no queramos, aquello de ‘You’re beautiful, you’re beautiful it’s true…’. Lo sé porque aunque cuando se produjo aquella eclosión servidor vivía en París, vine de vacaciones una semana y pude oírla más de diez veces. Pero lo del Reino Unido debió ser aún peor: los oyentes de una emisora pidieron que no se volviera a radiar el tema y un sondeo sitúo a Blunt como la 4ª cosa más irritante para los británicos.


 
Así el ex-soldado inglés ha podido ver el reverso tenebroso del hit. Su falsetto sonó por doquier y convenció a más de 12 millones de personas que acabaron comprando ‘Back To Bedlam’ (2004), su álbum de début. Pero la insistencia de los medios acabó por hartar a buena parte del público.


Sin embargo James parece que sigue teniendo argumentos para atraer a una buena cantidad de gente. Su segundo álbum ‘All The Lost Souls’ (2007) ha vendido hasta la fecha más de 3,5 millones de discos. Y su primer single ‘1973’, título homenaje a la fecha de apertura de Pachá Ibiza donde Blunt ha pasado muchas noches, volvió a ser nº1 en multitud de países.

JAMES BLUNT en La Riviera
7 de julio de 2008 a las 21.30 h
Entradas: 38 euros a la venta en ticktackticket.com



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ARIZONA de Juan Carlos Rubio. Ironía negra sobre la inmigración

por Esther Polo

En un libro para niños de cuyo nombre no puedo acordarme se explicaba con palabras muy simples en qué consistía ser racista. Hace ya algunos años de aquel encuentro fortuito con la literatura práctica, sin embargo, todavía recuerdo perfectamente una frase que me marcó: “racista es todo aquel que desconfía de otra persona por el único hecho del color de su piel, raza o religión”. Pensadlo bien, incluso volver a leer la frase. ¿No os habéis cruzado alguna vez con algún marroquí por ejemplo y de repente os habéis acordado de vuestro bolso y lo prudente que era tenerlo controlado en ese momento de cruce? Yo sí… y hasta ese instante nunca me había planteado que podía ser racista por ello… más bien hacía alarde de todo lo contrario. En fin...

Arizona es el último trabajo del polifacético y archi-premiado, en cuanto a honores teatrales se refiere, Juan Carlos Rubio. Este veterano de las Artes y guionista estrena en el Teatro Triángulo un drama de negra ironía sobre el miedo a los inmigrantes y la violencia que todo ello genera. En concreto y aunque extensible a cualquier país ¿desarrollado? a día de hoy, Arizona habla de la inmigración desde el punto de vista de los sudamericanos que atraviesan la frontera de México a Estados Unidos.

“Una idea original basada en hechos reales”. Tal y como afirma su autor, el germen de Arizona se gestó tras la  lectura de una noticia con la que el propio Juan Carlos se topó en el 2005. Atención a la carga irónica de las frases que siguen a continuación: unos civiles estadounidenses organizaban patrullas en la frontera con México, según ellos, para reflexionar con los vecinos del sur acerca de las fronteras, por supuesto con intereses altruistas y bien intencionados.

Hablemos de la trama: George y Margaret son un matrimonio de supuestos voluntarios a quiénes se les ha adjudicado la vigilancia de un fantasmal punto fronterizo. Como no, ellos también esperan en medio del agobiante desierto la oportunidad de `reflexionar con sus vecinos del sur´, que cachondos. Ahora a la violencia se le llama reflexionar. A través de diálogos concisos, silencios prolongados y efectos de viento, estos personajes –en el más estricto sentido de la palabra- irán revelando sus dudas y contradicciones acerca de la supuesta “seguridad” que proclama el patriotismo de su organización. Ojala que esta obra nos haga replantearnos a todos que nadie deja su país por gusto, eso no se llama inmigración sino turismo. Para pensar.

Arizona en el Teatro Triángulo
Hasta el 27 de abril de 2008
V y S a las 21 h. D a las 20 h.
Precio Entrada: 13 euros



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Clásico de cine del mes: Ninotchka

por Álvaro Pedraz

No hay nada que avive tanto la improvisación como la miseria’. Pero y qué gusto dan los diálogos agudos, la ironía, las segundas intenciones, avanzar más allá del ‘Pim-pam-pum’ de nuestras carteleras actuales. Sumergirse en el estilo, la presencia, la debilidad humana, el romance sincero, sin ñoñerías, y por supuesto la agudeza, la sutileza. Marcas de la casa (‘Su famoso toque’) de uno de los más grandes directores de todos los tiempos, posiblemente el que mejor entendiera la comedia clásica hollywoodiense; el alemán Ernst Lubitsch y su gran película de 1939: NINOTCHKA.

Una vuelta de tuerca más a la dicotomía entre capitalismo y comunismo, al ideal ruso frente a la tentación europea, ese dilema, extraordinariamente reflejado aquí, entre el deber y el placer, entre el interés personal y el común. Y por encima de todo esto, un romance como clarificador de ideas, como maravilloso revienta-ideales que no entiende de política, sociedad o leyes. Marca siempre de grandes historias.

Un lujo de guión, de los de antes, de los que se trabajaban con ahínco, a los que se les daba la importancia que requería, de los que corrían a cargo de escritores o, en este caso gente tan capaz como el mismísimo Billy Wilder (que ya tocase el tema en su ‘Un,dos,tres’), ni más ni menos. Una agente soviética enviada a París para solucionar la venta de unas joyas con fines recaudatorios para el régimen, que es conquistada, con una genial resistencia previa (uno de los mejores flirteos de la historia del cine. Recuerda mucho al de ‘Como la vida misma), más que por la ciudad y estilo de vida occidental, por el más común y sublime de los sentimientos.

Y dejando una huella imborrable, una de las actrices más presenciales de todos los tiempos. ‘La divinaactriz sueca Greta Lovisa Gustafsson (con un nombre con más Garbo) que clava el papel de fría enviada rusa para más tarde reír con estrépito y encanto en lo que sería reclamo publicitario de la película por lo inusual: ‘La Garbo ríe’. Unos geniales cambios de registro y un estilo y señorío inolvidables.


En definitiva, una maravillosa opción para degustar diálogos astutos como los de antes con situaciones pensadas, personajes fascinantes y frases míticas porque ‘Los recuerdos no se pueden censurar’.


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