STUDIO 42. Nueva discoteca en Madrid con estilo propio
por Esther Polo
De las cenizas de la antigua Savannah y bajo la firma de Carlos Sánchez y Luis Villanueva (Creadores de Pachá o Alegoría) llega a Madrid Studio 42. Una nueva discoteca para los noctámbulos de la capital a los que le va lo bueno: buena música, buen ambiente, mejor servicio y copas servidas con cariño que siempre gustan más. De lo bueno lo mejor. Comenzando por su emplazamiento: Studio 42 está situada en los alrededores de la Plaza de Colon.En algunos detalles recuerda a “aquellas salas de fiesta”. Toques retro que se confunden con elementos de diseño vanguardista y equipos de iluminación y sonido de última generación. Si cuando sales, la “caspa” te molesta cerca, aquí te sentirás tan cómodo como en casa, salvo por la etiqueta. Sencillo a la par que elegante y pijo pero sin empalagar. Así definiría yo el ambiente de Studio 42. Imagino que lo de cuarenta y dos no tendría nada que ver con la edad de su público, pero por ahí van los tiros.
Que os voy a contar de la sala que no se adivine por la fotografía: dos enormes plantas. En la primera podrás bailar y exhibirte rodeada de paredes de gresite multicolor. La segunda es otra cosa: sillones de cuero blanco, mesitas de diseño y cuadros pop. Sin olvidar por supuesto, las dos salas VIP de la planta. Un ambiente ideal para intimar. Si la compañía lo merece, el lugar no te decepcionará. Sobre todo la llamada sala VIP CLUB, la zona más exquisita del local, una especie de pecera de cristal que luce un diseño exclusivo en metal y cristal. ¿Qué banda sonora le iba a una sala de este nivel? Exactamente, la que sonará durante la noche: house comercial, funky y música española muy bailable. Te gustará volver a la época del flash dance, al menos durante una noche.
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Vamos a jugar a las adivinanzas: ¿En qué se parece la cadena de Restaurantes La Alpargatería a una americana (la prenda de ropa, claro)? En que tanto con una como con la otra quedas estupendamente si las eliges o te las pones a diario en plan “casual” o en ocasiones más “smart”, como por ejemplo el fin de semana. Vale, lo admito, la adivinanza no era de las mejores, pero ¿a qué habéis cogido el concepto? Voy con otra… Parece caro por fuera y por dentro y por el sabor de su comida todavía más, pero no lo es…

Se puede rodar con tensión cómo un hombre se abrocha los zapatos, dejando intuir por ejemplo el riesgo de que otro le golpee mientras está desprevenido. Puede lograrse la intensidad que se pretendía, pero al final de todo, en el fondo, sólo es un hombre abrochándose los zapatos. Sirva este cutre ejemplo para explicar cómo, la tercera película de este director neoyorquino especializado en crimen y relaciones entre hermanos (‘La otra cara del crimen’ o ‘Cuestión de sangre’), logra tensión y emoción certera pese a que la trama reclame con fuerza algún que otro recoveco más complejo, algo más de intríngulis. 

Una vez dentro verás el despacho de Franco, ése que aparece siempre en las imágenes del Nodo, conservado tal cual, y un pequeño teatro que el generalísimo luego utilizó como sala de cine. En contraste con esto, te dejan atisbar la decoración actual de una de las suites, donde ya vemos la televisión de pantalla plana, los sofás y el teléfono.
Valeriano Bozal, el mejor catedrático de España con el que cuenta nuestra historia del arte deja momentáneamente su despacho en la facultad para organizar Miradas sobre la Guerra de la independencia, una muestra que viene a engrosar las numerosas conmemoraciones que ha suscitado el bicentenario de la revuelta popular.
Los hechos históricos desde luego que a menudo superan la ficción en cuanto a extremos y límites; pero para eso está el cine, para crear a partir de ellos una historia, para narrar algo más que la realidad. Es precisamente esta última parte creativa la que se echa en falta en la sexta película de este director austríaco y Oscar (sinónimo de nada) a mejor película extranjera.