COCO, DE LA REBELDÍA A LA LEYENDA DE CHANEL, de Anne Fontaine
por Álvaro PedrazNos pusimos nuestras mejores galas para ver a la musa Chanel y acabamos de nuevo haciendo gracias sin gracia y de dudoso gusto con el nombre (que viene Coco y te dormirá, etc.) Una lástima.
Puesto que el tedio más soberano embargó mis sentidos, recurramos al humor soez para levantarnos de este lecho almidonado por Morfeo…. ‘¡COCOricó…! ¿Cómo, qué? ¿Pero qué hora es? ¿Qué es esa luz al final de la sala? Ah, ya salen las letras para arriba… ¿Cuánto tiempo llevo aquí? Lo último que recuerdo es haber sacado una entrada para ver la décima película de esta directora luxemburguesa' (mediana y sin cebolla, que la chorrada a veces es estimulante frente al ‘sobre-somnio’ cinematográfico). Y, puesto que hablamos de costura, de alta costura, que mejor consejo que coserse los párpados a las cejas para no sucumbir a la biografía novelada de un gran personaje femenino, pero narrada de una forma tan insustancial (reclama más argumento a gritos, más chicha y no sólo por lo erótico) que parece como si de guión realmente tuviesen las dos líneas que resumen al final, y que posiblemente resulte lo más valioso, y se dedicaran a estirar estos pocos datos de la gran dama como si del bajo de los pantalones de un niño creciente se tratase (Que si se arrejunta con uno que le da acceso a la alta sociedad -menos estúpida de lo habitual, se esperaba más crítica- que si luego encuentra al otro, sí pero no, drama y chim póm) hasta hacer realmente mullida la butaca.
Eso y la caracterización de Audrey Tautou que crece, llena la pantalla y supera la inocencia ya lejana de su eterna ‘Amélie’. Sus planos con el rostro severo fumando o con el pelo suelto y salvaje son con diferencia lo que más luce en toda la cinta (tiene un expresivo plano final que sirve de gran colofón y resumen a su esfuerzo) y eso que se ve envuelta por unos encuadres victorianos realmente preciosos. Se podría haber explotado más aquello de que sus diseños y creaciones fueran en parte fruto de su amargura, de su vida, de su drama, de su carácter femenino arrebatadoramente atractivo (valga la redundancia) por independiente, soñador, luchador y diferente.
Pero todo es tan sobrio, tan parsimonioso, tan etéreo, tan tila, que contemplarla en la primera sesión de la tarde supone obviar tres cuartas partes de la proyección mientras un ‘hilo’ (mira que bien cosido) de baba gotea sobre el posabrazos.
Gran personaje capaz de dar juego, soporífera biografía con muy pocos datos y un ritmo demoledor pese a los esfuerzos de la intérprete. ¿Coco? Guaaa…guaa….
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