GOOD, de Vicente Amorim
por Álvaro PedrazSabíamos que volvía a abusarse de un tema tan explotado como el nazismo, pero quisimos ver si se tomaba desde un prisma original o mínimamente interesante. Y de ‘good’, nada... Nada más lejos.
‘La enfermería nunca se me dio bien. A veces tocaba mazurcas para no oírla gritar’. Este extracto del diálogo resume a la perfección la totalidad de la sexta película de este director brasileño nacido en Viena: extraña, densa, incomprensible, sin profundizar, pesada y en un eterno sin contexto.
Un argumento que saca bastante de quicio por lo espeso, nervioso y desasosegante que resulta. Cuando uno esperaba encontrarse con la exploración del hecho de cómo las personas se vieron arrastradas por la marea fanática del nazismo, y cuánto les costó resistirse o imponer el sentido común; resulta que nos encontramos con miles de tópicos cinematográficos del género, todos metidos con calzador: la amistad con un judío, la pasión con una radical belleza (por lo innegable y por sus ideas), la tensión en el ambiente, etc. No se profundiza en ningún personaje, en ninguna de sus motivaciones, ni se preocupa por ofrecer algo a un espectador que lucha inagotable contra el estricto régimen del tercer sueño impuesto por la proyección, o más conocida también como la siesta en la butaca dos.
Es loable que un actor busque experimentar para medirse. Es destacable que escoja papeles dispares para crecer profesionalmente como intenta hacer Viggo Mortensen, pero no es recomendable hacerlo a cualquier precio. Este protagonista apocado y titubeante enfrascado en un ambiente que le sacude como a un pelele y que le mantiene en una actitud de ‘sí pero no’ alimenta el desquiciamiento general del espectador, más aún si cabe.
Las tensiones eróticas están muy mal medidas (debía haber seguido el gran ejemplo reciente de ‘El lector’, por ejemplo). Resulta todo bastante inquieto, pesado (jamás hora y media parecieron cuatro y tres cuartos), con temas dejados en el aire, sin mostrar nada en claro, sin enfocar a nada en concreto, resulta todo una divagación torpe y bastante sin sentido.
Pocas veces fue más apropiado aquello de no haber ‘sacado nada en claro’. Holocausto cinematográfico del que rogarán piedad…
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