ÁNGELES Y DEMONIOS, de Ron Howard
por Álvaro PedrazAnalizamos la última aventurilla de símbolos eclesiásticos tras haber rogado a todos los santos que acabase la proyección o que no nos dejara sucumbir al sueño para poderla comentar con fundamento.
‘-Ayer estaba cortándome las uñas de los pies cuando, al volver al baño con la escoba y recogedor, vi que los recortes habían sido dispuestos de tal manera que dibujaban una extraña simbología de una antigua secta: Los Moñatti. Alguien había entrado en mi casa y me había dejado esa extraña señal-‘Sirva este estremecedor relato para describir la emoción artificial que despierta la decimonovena (decimonónica) película del comercialísimo director de ‘Willow’ o ‘El Grinch’ entre otras y, a la par, segunda adaptación al cine de los best-seller de Dan Brown pese a ser ésta escrita previamente a la archicomercial, también con el mismo director adaptándola, ‘El código da Vinci’.
De nuevo complot y conspiración en el seno episcopal donde menos mal que irrumpe un documentado norteamericano a sacarnos las castañas del fuego a los europeos (‘¿Acaso no conocéis vuestra propia historia?’- dice el ínclito). Y todo para ir descubriendo pistitas de yincana que le llevan a lo ‘siga la flecha’ de iglesia en iglesia romana, y que por lo menos uno se da un paseo turístico por digital que este fuere.
La trama es como ‘La búsqueda 2’ y tantas y tantas de aventuritas busca tesoros (¡Oh, dios mío, sabía que el pergamino trigeminomodo se encontraba tras esta roca en forma de perro jadeante! ¡No, la imagen del ancestro con el dedo meñique en el oído no era una búsqueda afanosa de cerumen sino un indicador de la profecía magnánima y ecuánime!)
Y, claro está, cuando todo se reduce a simbología ‘chumínica’ en lugar de dar interés (¡Oh, otro poso del café con la forma de ET!) pues la sensación es tan artificial que causa indiferencia y la indiferencia deriva inevitablemente en el más implacable aburrimiento.
Previsible hasta en sus giros ‘inesperados’ del final; sólo se salva el impagable plano de ver a un diocesano con sotana saltando en paracaídas desde el helicóptero. Por lo demás, el mismo Tom Hanks de siempre, que es llegar y besar el santo, porque allí se pone a dirigir al ejército, policía, guardia vaticana y hasta a los pizzeros de la Piazza Navona. Le acompaña una mujer florero (ya que tratamos asuntos apostólicos y romanos…) cuyo único diálogo es ‘Cuidadín con la bomba’ y ‘No sé si podré desactivarla’. Un Ewan McGregor interesantemente trasladado de Jedi a Sor Citroën y también, tratando estos temas como no, la doble moral (a dios rogando y con el mazo dando). Por un lado: ‘No, yo soy un investigador y no creo mucho en estas cosas celestiales’ pero por otro, se nos presenta todo un alegato católico y apostólico donde la iglesia es ‘imperfecta pero justa y necesaria’.
Como un rosario patrocinado por Pepsi. Pretenden hacerlo con burbujas pero sigue siendo un tostón incoherente. Amén.
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