AUSTRALIA, de Baz Luhrmann
por Álvaro PedrazSi un niño de dos años repitiese todos los cuentos clásicos de aventuras que le cuentan por las noches y tuviese que hacerlo película, la haría menos artificial y prototípica que esta que nos ocupa...
En nuestras antípodas se encuentra Australia, en las antípodas de la originalidad y de la autenticidad cinematográfica se encuentra Australia, la película. Cuarta comercialísima obra del director australiano (cómo no) responsable de ‘Moulin Rouge’ (cómo no).Receta ‘croquetaria’: echar en un cuenco un poco de ‘Memorias de África’ pero en cutre, muy cutre, con un galán que ponga posturitas y que vaya de independiente (el estilo da igual), un poco de ‘Leyendas de Pasión’, igual de fantasmada para lucimiento actoral y para que las niñas suspiren con aire soñador. Luego coge con pinzas los temas clásicos: aventuras (aquí son de pena, mucho western barato), amoríos (horrible es poco), familia (unida jamás será vencida… Ese final con el párroco… ya tenemos todos los poderes fácticos), mezcla racial (-soy un café con leche-dice el niño protagonista), breve reseña histórica (nada, unos tiritos de aviones), los malos acosando sin pausa, un poco de humor al principio (parecía ‘La hora Warner’: -¡mira un canguro, qué mono!- Penoso) y mezclar bien todo a fuego leeento, muy lento, no pasar al plato hasta que el público esté realmente derretido.
Y qué grima de interpretaciones: un niño aborigen de la casa de la pradera, Nicole Kidman en el adecuado papel de 'Rotenmeyer' pija frustrada y con una figura repelente que dan ganas de correr calle abajo en dirección contraria. Un Hugh Jackman de galán garrafón haciendo posecitas lamentables y poniendo gestitos que acaban resultando los verdaderos golpes de humor de la proyección.
¿Romántica? Será una broma. Es prototípica, machacadísima, lagrimita de cocodrilo australiano, producto industrial 100%. Es una croqueta tan repetida, grasienta y refrita que seguro que triunfa en los paladares del jurado de los Oscars. Suplicarán, rogarán clemencia, ansiarán que se acabe por todos los santos del cielo… Una trama interminable, soporífera, cansina. Parece que se termina y le dan otra vuelta de tuerca, y los malos vuelven a resurgir, y otra vez a empezar que si tal, y otra vez que si Pascual. Carecen de lo que es sentido del ritmo de narración y apela a los grandes temas para vulgarizarlos hasta el extremo.
Hace frío y hay gente a la que le cuesta dormir. Es una buena opción entrar, llevarse un buen almohadón, muy mullido. Ir a un cine que tenga posabrazos reclinables, a una hora poco concurrida y coger postura. El resto vendrá solo. Tienen casi tres eternas horas para conciliar plácidamente el sueño, todo lo que no sea eso, será una terrible pérdida de tiempo.
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