DIARIO DE UNA NINFÓMANA, de Christian Molina
por Álvaro PedrazUno ve el póster (pretendidamente censurado por Espe Aguirre o la cólera de dios y sus discretos escotes) y piensa: por fin me pagan por ver una película que despierta un interés real. ¿Por fin?
-¿Qué vas a ver hoy?- Comenta mi mujer mientras comemos. Nada, un melodrama pasteloso yanqui de sobremesa, como el desfile ese que decía aquel. -¡Ah, entonces ni te acompaño!-. Recojo mis bártulos. Me despido. Entro en el cine levantando una ceja hacia el cartel de la película. –Una entrada, por favor, para ‘Diario de…’, para la sala 2. Última fila en una esquina- ¿Una?- Sí, una-. Sonrisita de prever del acomodador. –La última sala, al fondo- Gracias. Subo la escalinata que ya me sé de memoria (32 escalones luminosos). Miradas de reojo. Comentarios en voz baja. Me acomodo, saco mis bártulos de trabajo. Más comentarios: -Mira, va con libreta y todo, para no perderse detalle, mmfff-. Mirada de soslayo de damiselas tres filas más abajo. Nada conciliadora (¡Cuánto pervertido!). –Oiga señora, que soy un profesional, yo vengo por la faceta artística, por el cariz cinematográfico, además ¿qué hacen ustedes también aquí?- Réplica que mascullo sin decir palabra. Comienza la proyección.Diálogo en francés con Geraldine Chaplin. Comienza el tema. ‘Hola, soy juliana y todo empezó aquí, que si quería más, que si no era suficiente…’ La actriz no está nada mal. Interpretativamente hablando (mentira parece que haya que mencionarlo). Comienza la sucesión de escenitas. Más que tórridas, son torrijas de la que me está entrando. Ni pone, ni quita, ni vuelven a poner, los peces en el río. ¿Tanta expectativa morbosa-voyeurista para ésto? Comienza a revestirse todo de cierta profundidad poética que nadie reclamó. Empiezan a darse ciertas situaciones bastante ridículas que rozan la comedia. Tostón. Llega el amor para la protagonista de la mano (la de montón de dobles sentidos que pueden sacarse en estos temas) de un genial Leonardo Sbaraglia. A la larga apunta a ser lo mejor. Más rupturas, malos tragos, amiga confidente (qué grande es Llum Barrera), vuelve el sopor. Comienza el periodo prostíbulo. Ángela Molina de ‘Madame’. Levantamos el vuelo y el interés. Vuelve ese halo profundo de anuncio de compresa cuando debía ser todo lo contrario. Escenitas, nasti.
El comienzo del fin. Moralinas que apuesto nadie solicitó con la entrada. Hay que vivir la vida. Me gusta la lluvia. Pues sí que huelen las nubes. Coge la mano del hermano que te da la mano. Fin. ¿Cómo? ¿Yaaaa? Bueno, no pasa nada, les pasa a muchas. Voy montón de veces al cine.
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