RIVALES, de Fernando Colomo
por Álvaro Pedraz
Hay miedos que nunca acaban de superarse del todo. Y esta ocasión es como para dejar siempre encendida la lamparita del dormitorio, porque nuestra peor comedia chusca es algo que creíamos más o menos haber dejado atrás hasta que producciones como la última película de este director madrileño nos la vuelve a recordar perversamente.Chusca por forzadas situaciones de enredo en las que abundan estridentes gritos e histerismos. Típica coral de personajes estereotipados (la rivalidad entre madrileños y catalanes es muy forzada y fuera de lugar) o histriónicos rozando el ridículo y, por supuesto, carne de fémina escotada que no falte. La relación de los personajes protagonistas con sus niños, a los cuales acompañan a una final de fútbol juvenil, sigue un patrón bastante soez y exagerado pese a conseguir señalar la inestabilidad adulta como gran factor responsable de la mala educación adolescente.
Pese a alguna situación comprometidamente aceptable, éstas son las menos y la pelea final resulta una auténtica chapuza. Prácticamente adolece de todos aquellos ‘ozorismos’ y ‘estesismos’ que creíamos haber superado finalmente.
Eso sí, las bondades de un buen reparto salvan por momentos ciertos tramos de la película. Ernesto Alterio o Rosa María Sardá son prácticamente siempre garantía, y aquí llegan a levantar el nivel (tampoco difícil) con su sola presencia.
En definitiva, una comedia como otra cualquiera de personajes y enredo, estereotipos y chillidos que únicamente hará las delicias de los que disfrutan con sólo ver en pantalla una tortilla de patatas o una muñeca flamenca encima de un televisor. Un atraso.
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