martes, 15 julio 2008

CASA PARRONDO III, alta cocina asturiana en

por Esther Polo

Si parpadeas te los pierdes. Caldereta a la luarquesa, arroces caldosos, callos, fabada, revueltos, ensaladas, tablas de quesos, embutidos, carnes, pescados… ¡ah! ¡Y sidra, mucha sidra!

Era un día especial, sin duda. Se casaba mi buen amigo Juanma y nos había invitado junto a otros casi treinta “elegidos” a una especie de precena nupcial. Ataviados con nuestras mejores galas “casual”, nos presentamos mi músico y yo, una hora tarde, eso sí, en la dirección que nos había sido facilitada: Casa Parrondo, calle Trujillos cuatro. Al lado de las Descalzas Reales y muy cerca de la zona de Sol, Plaza de Oriente, Plaza Mayor (esto nosotros no lo sabíamos, claro).

¿Qué cómo está la taberna? ¡Abarrotaa! Los futuros novios y sus invitados habían sido ubicados al fondo del Restaurante-sidrería en una especie de rinconcito empapelado con fotos del peculiar Parrondo rodeado de personajes y personajillos y de elementos decorativos tan suyos como la cabeza de un jabalí disecado con gafas de intelectual. 

El festín ya había empezado hacía casi una hora y el sitio improvisado donde nos acomodaron formaba parte del pasillo donde circulaban sin parar camareros con platos rebosantes de caldo…pero ¿y eso importó? ¡Para nada! Los camareros conscientes de las apreturas se deshicieron en atenciones y literalmente hicieron desembarco en nuestra mesa de todas y cada una de las raciones que se habían servido. El metre un personaje auténtico a la altura de las circunstancias. ¿Os acordáis de las comilonas que se pegaban al final de cada historia Asterix y Obelix? Pues más o menos…

Pimientos rellenos de bacalo, chorizo, lomo, cecina, mejillones en escabeche, tabla de quesos, montaditos de queso blanco piña y mora, lacón a la gallega, revuelto de huevo con espárragos, fabada, callos… y de poste sorbete de sidra acompañado de chistecito a cargo del propio Parrondo: “Yo soy bisexual: me gustan la madre y la hija”. En definitiva, cocina asturiana de Fórmula1 servida con cariño. Bueno, bonito… ¿y barato? ¡No! ¡Barato no!. 

El broche de la velada lo puso mi músico, entonando la canción que había compuesto para los novios. ¡Marchando estribillo!: “Ella y él. Él y ella son. La pareja que empareja la naturaleza con la comunicación. Son todo corazón. Y hasta destino se le antoja que con tino haya siempre un lazo para los dos. Eva y Juanma son… y al final del cuento la princesa responde sí quiero, sellando su amor”. ¡Qué bonito!"

En DolceCity Madrid: Casa Parrondo







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