CONDE DE BARAJAS. El café-restaurante para los amantes de la música y lo selecto
por Esther Polo
Adivina, adivinanza: Seis comensales salen a cenar una noche por Madrid y tres de ellos son pianistas, ¿dónde van a cenar? Tic tac tic tac. The time is over. La respuesta correcta es al café-restaurante Conde de Barajas (lo sabías ¿verdad?) que sita en la desconocida plaza que da nombre al lugar, a escasos metros de la Plaza Mayor. Si me pidierais que describiera con una sola palabra la esencia de este restaurante, el adjetivo escogido sería “peculiar” (casi tanto como la noche en sí misma). ¿O acaso vosotros conocéis muchos restaurantes donde sus fundadores sean una ingeniero informático con gusto por la alta cocina y un pianista profesional?

Con estos antecedentes, el resultado no podría ser otro que el que es: un local cálido, de ambiente familiar e íntimo, cuya decoración de corte elitista –véanse las “sufridas” lámparas Tiffanies del interior- gira en torno al mundo de la música y donde solo hay lugar para un instrumento rey: el piano. El más generoso de todo Madrid -al menos según sus dueños-, ya que la única condición para tocarlo es saberlo hacer (sin castings previos). Cambiando de tema, hay que ver que sonriente está mi compañera de piso en la primera foto acompañada de Mi Músico. Abajo yo con él en plan "parejita feliz".
A la voz de “Si sabes, tócame” y rotulados de forma artesanal este piano contiene la esencia de genios como Billie Holiday, Frank Sinatra, Mozart, Bach o Rod Stewart… a partir de esa noche deberían quedar grabados tres más, el de Fran Rubio (EL músico) , Cesar Caparrós (MI músico) y Ramón Burgos (ÉL), quiénes por ese orden harían suyo este instrumento durante diferentes momentos de la velada. Me quedo con la improvisación de jazz a cuatro manos. ¡Espontáneamente sublime!

Pero sigamos con las peculiaridades. ¿Sabéis que es un cove? Yo tampoco hasta esa noche. Por hacerme entender, un cove sería en vaca lo que en cerdo, un puerco de bellota. Es decir, una resa pija hipermimada que se cría en parquet y cuya carne, casi por obligación, debe ser la leche. Bueno pues aquí se come carne de cove y de gacela. No seré yo quien os quite la ilusión de probar estas delicatessens, llamadme clásica si queréis, pero no cambio por nada el entrecot que me comí. ¡Delicioso! Las ensaladas también respiran clase y aunque a los postres no llegamos, los que los han probado recomiendan la tarta de manzana y el tiramisú. Menos mal que pagaron los hombres porque “la dolorosa “, si te emocionas, puede tocarte hasta el riñón…
En DolceCity Madrid: Restaurante Conde de Barajas

Con estos antecedentes, el resultado no podría ser otro que el que es: un local cálido, de ambiente familiar e íntimo, cuya decoración de corte elitista –véanse las “sufridas” lámparas Tiffanies del interior- gira en torno al mundo de la música y donde solo hay lugar para un instrumento rey: el piano. El más generoso de todo Madrid -al menos según sus dueños-, ya que la única condición para tocarlo es saberlo hacer (sin castings previos). Cambiando de tema, hay que ver que sonriente está mi compañera de piso en la primera foto acompañada de Mi Músico. Abajo yo con él en plan "parejita feliz".
A la voz de “Si sabes, tócame” y rotulados de forma artesanal este piano contiene la esencia de genios como Billie Holiday, Frank Sinatra, Mozart, Bach o Rod Stewart… a partir de esa noche deberían quedar grabados tres más, el de Fran Rubio (EL músico) , Cesar Caparrós (MI músico) y Ramón Burgos (ÉL), quiénes por ese orden harían suyo este instrumento durante diferentes momentos de la velada. Me quedo con la improvisación de jazz a cuatro manos. ¡Espontáneamente sublime!

Pero sigamos con las peculiaridades. ¿Sabéis que es un cove? Yo tampoco hasta esa noche. Por hacerme entender, un cove sería en vaca lo que en cerdo, un puerco de bellota. Es decir, una resa pija hipermimada que se cría en parquet y cuya carne, casi por obligación, debe ser la leche. Bueno pues aquí se come carne de cove y de gacela. No seré yo quien os quite la ilusión de probar estas delicatessens, llamadme clásica si queréis, pero no cambio por nada el entrecot que me comí. ¡Delicioso! Las ensaladas también respiran clase y aunque a los postres no llegamos, los que los han probado recomiendan la tarta de manzana y el tiramisú. Menos mal que pagaron los hombres porque “la dolorosa “, si te emocionas, puede tocarte hasta el riñón…
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