IRON MAN, de Jon Favreau
Normalmente, cuando el cielo está encapotado (¿quién lo desencapotará?) y suenan truenos acaba por llover. Vamos, que se venía venir de la misma forma que se ve venir la cuarta película de este director y actor neoyorquino.Enésima recreación de superhéroe Marvel en pantalla, esta vez de una forma un tanto más directa quizás. Es la fantasmada que todo el mundo espera, y no defrauda, los efectos son de los hipnóticos y la armadura es tan espectacular como se sospechaba; la diferencia a su favor es el carecer de las ñoñerías horteras de ‘Spiderman 3’ o la majadería adolescente de ‘Deformers’, por poner algunos ejemplos.
El ritmo inicial es adecuado pero decae según avanza, haciéndose cansina al final y eso sí, no se salva de contener unos detalles lamentables, tales como que le suene el móvil en la armadura o diálogos con discursos que dicen literalmente: -‘Así lo hacía papá, así lo hacía Norteamérica’- o –‘Llevo dos meses en cautividad y quiero hacer dos cosas: la primera comerme una hamburguesa’- (daban ganas de no seguir viendo)
También deja la sensación de haber desperdiciado una gran ocasión para hacer un verdadero alegato antimilitar. Un tipo que amasa su fortuna gracias a la industria del armamento y que, tras un suceso, toma consciencia de su peligrosidad y decide cambiar de bando. Lo tenían todo para hacer una apuesta política valiente pero se queda en una floja postura y nada comprometida en rendido favor a la comercialidad, una vez más.
En cuanto a las ‘interpretaciones’, reconocer el buen hacer de Robert Downey Jr., que clava el papel de soplagaitas multimillonario (¿halago?) encajando mejor que otros rostros de mazapán vistos en el papel de super-arácnidos. El resto del reparto es muy de florero típico de superhéroes en la gran pantalla. Gwyneth Paltrow de cándida secretaria y Jeff Bridges de malo malísimo, que si ponen a otros el resultado hubiese sido el mismo. Los papeles sin efectos especiales es lo que tienen.
En fin, lo que se espera. Grandes efectos, buen ritmo que decae bastante tirando al final, diálogos para olvidar y un guión cargado de patrañas tecnológicas. Algo más sobria que otras de su género pero sin dejar de ser pasto de ávidos adolescentes y espectadores con ganas de desenchufarse viendo diapositivas tan llamativas como incongruentes. Nada más.
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