Cinélite: No sos vos, soy yo
Genial noria del desamor. Eso es lo que viene a plantear este primer largometraje de 2004 del director argentino Juan Taratuto, del que ya pudimos ver el pasado año ‘¿Quién dice que es fácil?’Otra joya de esta maravillosa oleada del cine argentino contemporáneo (entonces, ¿las crisis económicas agudizan el ingenio?), que factura una de las más cómicas y geniales descomposiciones de pareja que se recuerdan. Golpes de humor que por fin justificarán el uso de dicho término, en una ejecución humana, entrañable y empática.
El estilo humanista es su mayor baza. Se acerca tanto a las realidades vividas, al sentimiento humano y cotidiano que casi quema. Su tratamiento de las relaciones sentimentales le da diez mil vueltas a todas las patrañas ñoñas de la cartelera norteamericana de hoy en día. Aquí, gran parte del público adulto reconocerá partes de su vida, con su patetismo, desánimo y esperanzas, en algún momento de la proyección.
Goza de secuencias para el recuerdo, inolvidables, en lo que viene a ser una entrañable caricatura humana. Además está tratado todo con estilo (con decir que el genial personaje del psicólogo está ejecutado por uno de los míticos-reverencia- ‘Les Luthiers’: el gran Marcos Mundstock o la banda sonora a cargo de Jorge Drexler, no creo que sea preciso decir mucho más).
Las interpretaciones son todo un lujo, con un inmenso Diego Peretti cuya nariz no es la única genialidad que comparte con el Woody Allen de los primeros tiempos (lástima del estridente tono de voz), una maravillosa Soledad Villamil y una Cecilia Dopazo (también guionista) de la que es imposible apartar la mirada en todo momento.
Una de las películas más entrañablemente humanas que se hayan filmado; preciosa, cotidiana, aguda, entretenidísima, cómica y gozosa. Una de las películas más sanas de la historia si de verdad es cierto aquello de que es sano reírse de uno mismo.
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