lunes, 12 mayo 2008

CASUAL DAY, de Max Lemcke

por Álvaro Pedraz

Ese bochorno que precede a los truenos y al diluvio, y que vivimos justo en estos días, nos llega también oportunamente en forma de tensa reunión empresarial que se masca en el segundo largometraje de este director madrileño.

Tras un buen diálogo inicial que toma sentido según avanza la trama, se presenta una muy atinada reunión de convivencia de alta empresa, de aquellas cuyo lamentable fin es hacer equipo, tan avocada a hacer el paripé y que en ningún momento logra paliar las tensiones y roces del día a día. Una magnífica descripción psicológica de unos personajes que encarnan distintas posturas no sólo profesionales, sino también vitales. Lo que parecía una comedia de humor fácil, sorprende con una tensión muy lograda, con un chaparrón final muy destacable y con unos guiños, más que del gracejo de teleserie que se presumía, de afinada reflexión acerca de las máscaras sociales y el rol profesional que acaban reventando por cualquier resquicio. Afilada, con buenos gestos intencionados y juegos de miradas, diálogos significativos y acontecimientos interesantes, deja un agradable olor final a tierra mojada.

Y para que la tormenta sea perfecta, debe contener las gotas adecuadas, que caigan con precisión sobre las zonas donde más se necesiten. Hablamos de las interpretaciones, que son de auténtico lujo. Lo de Juan Diego y Luis Tosar es de absoluta matrícula y Alberto San Juan, con un inédito papel de recursos humanos, es todo un despliegue. También geniales Javier Ríos y Estíbaliz Gabilondo, tremendamente adecuados para lo que se requería. Película coral que entona con armonía, pese a ser los artífices de esta gran tormenta.


Los nerviosos podrán calificarla como algo densa, pero resulta una muy buena recreación de la tensión no sólo laboral, sino humana, con unos afilados roces que no reconocemos únicamente los que anduvimos por empresas de altos vuelos pero malos agüeros (el director trabajó varios años para Telefónica -que cada uno saque sus propias conclusiones y más con sus nuevas incorporaciones-), sino todos los adultos en nuestros miles de enfrentamientos cotidianos con el mundo social. 
Y es que la lluvia, cuando es fina, hasta se agradece.



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