jueves, 24 abril 2008

REBOBINE, POR FAVOR, de Michel Gondry

por Álvaro Pedraz

Penalti. El portero además ha sido expulsado y en su lugar se coloca un inexperto jugador. Y gol. Lo tenía todo para marcar. El cuarto largometraje del director francés de ‘Olvídate de mí’ o ‘La ciencia del sueño’ contaba con un guión original y tremendamente capaz, hecho para marcar, y ha sido gol. 

Un tipo es imantado accidentalmente y borra todas las cintas del videoclub de su amigo y, como solución, montan sus propias adaptaciones de películas comerciales. La base es tremendamente prometedora, brillante. Quizás se podría haber profundizado más en las posibilidades de ridiculizar los taquillazos comerciales, o en las tremendas posibilidades de los vídeos caseros de películas comerciales hechas por friquis en plan cutre. Simplificando hubiese ganado, pero se regodea en la extravagancia, algo surrealista, y las intenciones van más allá, se plantea un estilo ochentero, de barrio marginal oxidado, aderezado con jazz y de estilo cuidado. Unos efectos especiales extraordinarios e innovadores (ese reflejo del sol en los coches centelleando directamente a cámara es magnífico). Y también supone un rendido homenaje al cine como sentimiento e implicación. No se queda en el humor presupuesto (lo cual no hubiese quedado mal del todo) sino que plantea además unos golpes sutiles (genial sustituir los charcos de sangre por pizzas detrás de las cabezas), a veces algo bobalicones y fáciles, pero bastante simpáticos en términos generales.

Quizá adolezca de ser un poco de fábula a lo ‘Del barco de Chanquete no nos moverán’, con esa tienda antigua que hay que salvar de la demolición comercial y sólo puede lograrse con el altruismo de todo el barrio. Sentimentalismo que no era necesario pero que tampoco llega a empalagar o resultar excesivo

Interpretaciones corales muy acertadas con Jack Black en su papel más interesante desde ‘Alta fidelidad’ y un Danny Glover mostrando de lo que es capaz dejando a un lado sus ‘armas letales’. Interesantes cameos de Mia Farrow y Sigourney Weaver.


Un resultado innegablemente original, marca de la casa del director, con muchas posibilidades y con un acabado de buen estilo y de intenciones un tanto altruistas y psicodélicas pero finalmente entrañables.



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