Clásico de cine del mes: Ninotchka
por Álvaro Pedraz
‘No hay nada que avive tanto la improvisación como la miseria’. Pero y qué gusto dan los diálogos agudos, la ironía, las segundas intenciones, avanzar más allá del ‘Pim-pam-pum’ de nuestras carteleras actuales. Sumergirse en el estilo, la presencia, la debilidad humana, el romance sincero, sin ñoñerías, y por supuesto la agudeza, la sutileza. Marcas de la casa (‘Su famoso toque’) de uno de los más grandes directores de todos los tiempos, posiblemente el que mejor entendiera la comedia clásica hollywoodiense; el alemán Ernst Lubitsch y su gran película de 1939: NINOTCHKA.Una vuelta de tuerca más a la dicotomía entre capitalismo y comunismo, al ideal ruso frente a la tentación europea, ese dilema, extraordinariamente reflejado aquí, entre el deber y el placer, entre el interés personal y el común. Y por encima de todo esto, un romance como clarificador de ideas, como maravilloso revienta-ideales que no entiende de política, sociedad o leyes. Marca siempre de grandes historias.
Un lujo de guión, de los de antes, de los que se trabajaban con ahínco, a los que se les daba la importancia que requería, de los que corrían a cargo de escritores o, en este caso gente tan capaz como el mismísimo Billy Wilder (que ya tocase el tema en su ‘Un,dos,tres’), ni más ni menos. Una agente soviética enviada a París para solucionar la venta de unas joyas con fines recaudatorios para el régimen, que es conquistada, con una genial resistencia previa (uno de los mejores flirteos de la historia del cine. Recuerda mucho al de ‘Como la vida misma’), más que por la ciudad y estilo de vida occidental, por el más común y sublime de los sentimientos.
Y dejando una huella imborrable, una de las actrices más presenciales de todos los tiempos. ‘La divina’ actriz sueca Greta Lovisa Gustafsson (con un nombre con más Garbo) que clava el papel de fría enviada rusa para más tarde reír con estrépito y encanto en lo que sería reclamo publicitario de la película por lo inusual: ‘La Garbo ríe’. Unos geniales cambios de registro y un estilo y señorío inolvidables.
En definitiva, una maravillosa opción para degustar diálogos astutos como los de antes con situaciones pensadas, personajes fascinantes y frases míticas porque ‘Los recuerdos no se pueden censurar’.
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