EXPEDIENTE ANWAR, de Gavin Hood
por Álvaro Pedraz
Asistimos al nacimiento de un nuevo género cinematográfico: el cine burocrático. Aburrido, gris, políticamente ambiguo, seco (de no mojarse precisamente), lioso y soporífero son algunas de sus premisas, y la cuarta película de este director sudafricano las cumple todas y cada una a pie juntillas.Como decía Jack el destripador, vamos por partes:
-Aburrida y gris es decir poco, se presenta aquí una trama política de una forma tan absolutamente indiferente para el espectador que se aconseja llevarse un juego de agujas finas para irse despertando. Ideal para acupunturas.
-Ambigüedad política cobarde y rastrera. Si creían ir a ver una denuncia acerca de los secuestros ilegales y vuelos a cárceles ídem de ídem, olvídense porque, muy en el tono de las películas políticas yanquis (véase ‘En el valle de Elah’ o ‘Leones por corderos’) parecen denunciar con la boca pequeña que ‘puede’ que se cometan algunos errores pero es que los musulmanes son muy, pero que muy malos (en esta película es que ‘no se salva ni uno’) y la seguridad nacional viene a ser más importante que los derechos humanos. Y que gracias a estas prácticas tan ‘diver’ se han salvado muchas vidas en Londres, llegan a decir en esta ocasión. Por si fuera poco aquí se muestra a un héroe americano que le da la conciencia y arregla la injusticia, vamos que menos mal que aunque metan la política pata, siempre habrá un buen americano dispuesto a enmendarlo, si es que en el fondo…, qué chiquillos.
-Liosa y soporífera porque pretenden ir de profundos ralentizando la trama, como si sacarse mucosidades a cámara lenta dentro de coches parados en un semáforo lo hiciese más apasionante. Y las interpretaciones no ayudan (esto no lo salva ni Meryl Streep) por mucha ‘rubia muy legal’ que actúe más o menos. Además es un error pensar que por confundir al espectador se consigue intrigarle, cuando más bien es todo lo contrario y se han llegado a reclamar almohadas en las taquillas.
La sola idea de volverla a ver supone una tortura mucho mayor de las que se muestran en las cárceles de la película, pero tiene una ventaja, y es que puede que, con algo de suerte, no se queden dormidos al ser despertados por los ronquidos de las butacas contiguas.
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