domingo, 24 febrero 2008

EL NIÑO DE MARTE, de Menno Meyjes

por Álvaro Pedraz

Puede que al protagonista le quede mucho amor en el corazón por dar, pero a mí me está quedando muy poca paciencia ya, y más después de ver la cuarta película del director holandés responsable en parte de la parte (contratante) ñoña de algunos de los guiones de Spielberg.

Aún uno se pregunta cómo es posible que este dramón cursi de sobremesa se esté proyectando en la gran pantalla, pudiendo ser ignorado cómodamente desde el sofá mientras se concilia el sueño en periodos de siesta santa.

El argumento no es que sea ñoño o maneje un sentimentalismo zafio y estúpido; es que todo el ritmo general es de una memez implacable, capaz de inundarlo todo. Soporífera, previsible, irreal o cursi no son adjetivos suficientes. Sencillamente es que no se da crédito a lo que se está viendo (eso si se consigue mantener firmes los párpados).

Un escritor de éxito hipocondríaco e inestable emocionalmente (un auténtico moñas magistralmente caracterizado por John Cusack) que adopta a un niño frijolito abandonado que no es que sea rarito o insociable, es que es casi imbécil del todo y además, es tratado como tal. Todos le mueven como a un pequeño e inconsciente primate (¡qué mono!). Y la lección de paternidad comprensiva es inflarle a cereales, hacer guerras tirándose Ketchup (de verdad que el argumento es como una gran broma) y grandes consejos paternos como: ‘Sé tú mismo’, ‘necesitas cariño y si me quieres lo tendrás’, ‘hay que encajar’, ‘buenas noches, dulce príncipe’ ‘¿has hecho amiguitos?’. Luego el padrastro en cuestión se codea con un bombón impresionante que resulta que no tuvo una infancia de animadora yanqui tremenda al uso, qué va, resulta que dice, por sumarse a la causa, que ella también fue rarita friqui de pequeña, y que se creía un personaje de ‘Sonrisas y lágrimas’ esperando a ser rescatada por Julie Andrews.…. De verdad, me quedo sin descalificativos, ya cada uno que piense lo que quiera.


Si entran al cine y ven sorprendidos cómo hay graves abolladuras en las butacas, ya pueden afirmar: ‘aquí acaban de proyectar ‘El niño de marte’, mira las marcas de los cabezazos’



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