sábado, 12 enero 2008

LA SOMBRA DEL CAZADOR, de Richard Shepard

por Álvaro Pedraz

Qué grave es banalizar lo que es grave. Qué peligroso es hacer gracia de lo que es muy serio. Qué superficial y que comercial queda hacer chistes malos de algo tan grave como la masacre bosnia y qué mal resultado final ofrece la séptima oferta del vulgar director neoyorkino.

Parte de connotaciones políticas y de reporteros cubriendo noticias de guerra para acabar mostrando a los típicos norteamericanos intrépidos salvando al mundo, abanderando la libertad y la justicia y dando caza a un criminal internacional de guerra que los inútiles del resto del mundo no han sabido o querido cazar por puro interés. Grave insulto a la justicia internacional (sí, también a la C.I.A., pero menos) tachándola de corrupta para luego ofrecer, nuestros astutos protagonistas como alternativa, el tomarse la justicia por su mano. Se burlan de las leyes internacionales para acabar recomendando la ley del Talión. Muy coherente.

Lo peor sin duda son las patéticas gracias que pretenden sacar de un entorno tan serio (posee uno de los créditos finales más penosos de la historia del cine). Un sagaz periodista encarnado por un horrible Richard Gere que no cuaja, por más que lo intente, en el papel de tipo duro y que resulta menos creíble en momentos dramáticos; acompañado por el personaje de un cámara con la gorra para atrás junto con, de nuevo, el penoso personaje del niñato empollón y bocazas que acaba apuntándose a la aventura. Bochornoso y típico personaje yanqui usado para amenizar la trama y dar un horrendo toque de humor, al igual que ya sucediese con el Jar Jar Binks de ‘La Búsqueda 2’. ¿Cuándo se darán cuenta del ridículo e inutilidad de estos personajes secundarios de gracejo estúpido? Rematan amenizando con un verdugo al que le suena el móvil o secuencias ni más ni menos que de Chuck Norris en acción (toda una declaración de intenciones).


Concluyendo, un producto muy visto donde los norteamericanos vuelven a abanderar la justicia (muy verídica por tanto) e insertando un humor como sólo ellos saben hacerlo: vulgarizando hasta el ridículo un tema realmente serio y mucho más grave de lo que presentan.



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