viernes, 25 enero 2008

EN EL VALLE DE ELAH, de Paul Haggis

por Álvaro Pedraz

El fin nunca justifica los medios (y si no que se lo pregunten a Capello). Que la última propuesta de este correcto director canadiense, responsable del guión de ‘Million Dollar Baby’ entre otras, pretenda como fin último mostrar de manera muy dulcificada lo atroz del comportamiento de algunos soldados, no es suficiente si por medio has mostrado toda una apología militar, católica, apostólica y romana.

No es una apuesta política valiente, ni mucho menos. Es un mensaje cobarde más bien, especialmente diseñado para no herir sensibilidades patrias, porque, aparte de demasiado ambigua y de mensaje poco claro hasta los momentos finales, es como si para mostrar lo despotricado de la ‘teoría de la conspiración’, mostrase con énfasis la vida de un ultraconservador que poco a poco va cayendo en la cuenta. Y es que, para no herir sensibilidades neoconservadoras, la mayor parte del metraje se centra en una apología del modo de vida militar, rezos en las comidas, cuentos bíblicos (valga la redundancia) para que los niños duerman sin miedo, banderas que inundan la pantalla, soldados con biblias en los cajones, detalles horribles como soldados de misión en Irak de fiesta grabando vídeos y pegando pegatinas en la frente de cadáveres calcinados, frases tan sesudas como ‘-Se moría de ganas de salvar a los buenos y matar a los malos-’, ‘-Deseé que bombardearan Irak y lo redujeran a polvo-’ o ‘-Llevaba la democracia a ese país inmundo y sirviendo a la patria-‘.

Una investigación de un padre buscando al hijo desaparecido que realmente no tiene nada que ver con la invasión armada y el conflicto iraquí (tema en el que no se atreve a tomar parte clara) y que sólo intenta mostrar un poco por encima que algunos soldados no son los héroes que parecían. Para ello se sirve de un drama espeso, lento, inútil y agotador. Con un Tommy Lee Jones en el mejor papel que le han dado en mucho tiempo y una Charlize Theron, como típica funcionaria eficiente, muy decente y entregada, es de lo poco que se salva.


Hacer películas sobre el conflicto armado es lícito y actual, hacerlas desde el bando del país que las produce también, pero centrarse en lo mal que lo pasan unos cuantos soldaditos mientras cientos de miles de civiles iraquíes muertos quedan sin mencionar, es demasiado sesgar; y más si se presenta en un drama eterno, espeso y pesado hasta decir basta; ideal para programarlo en una cadena conservadora pro-yanqui a la hora de la siesta.



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