lunes, 14 enero 2008

ALIEN VS. PREDATOR 2, de Colin y Greg Strause

Adefesio: dícese del despropósito, disparate, extravagancia. Persona o cosa ridícula, extravagante o muy fea; y ahora también aplicable al cine (porque esto está muy pero que muy feo…) en el abominable estreno como ‘directores’ de estos dos hermanos, antes encargados de los efectos especiales de los ‘Cuatro fantásticos’, entre otras (escalofrío).

El argumento es (asómbrense) el de unos viscosos bichos alienígenas que matan a otros y se estrellan en la tierra. Luego, en el planeta de la especie víctima, uno ve en el telediario la matanza y se coge su utilitario para plantarse en unos segundos (coincidió que no había tráfico) en la tierra y vengar con unos mamporros a los otros bichos que habían masacrado a su cuñado y tal. Esperpéntico.

Ahí no acaba la cosa, ya que no podían limitarse a una serie de tollinas entre las especies alienígenas (que en muchos momentos es jugar a ¿quién es quién? Porque ya ponen hasta Aliens con rastas…ah.., qué maestros del suspense…) sino que lo intercalan con el horripilante pueblo terrícola al que van a parar las dos clases de bichos. Y aquí comienza el verdadero terror, cuando muestra a un poblacho de niñatos pizzeros de ‘insti’ (ey, pícaro Jimmy), familias perfectas con niñas ñoñas (hijita, los monstruos no existen…, ven que te cuento un cuento) y madres militares, todo bondad y astucia (¿se decía Abu Ghraib, no?), despliegue militar y repelente justificación de la necesidad de ir todos armados por si atacan los marcianos; frases para enmarcar como ‘El gobierno no miente a la gente’ (además rima, todo es un poema), bombón de turno para que los adolescentes aúllen desde las butacas, héroes de pacotilla…etc. Hay que reconocer que en el fondo concuerda con el argumento porque estás deseando que se los carguen a todos sin excepción…Y qué gracia hace ver cómo van cayendo todos menos los protagonistas. Los bichos, que son muy listos y que ejecutan una especie de justicia divina, van matando sólo a los que se portan mal o son un poco golfillos de vida disoluta. Si es que si eres bueno, al final te salvas, ya sabéis queridos niños.

También para confirmar el trato de borregos con el que se dirigen al público, no iban a poner a los dos bichos malignos, sino que hay uno que es casi bueno; llora a sus muertos, se hace pupita e irrumpe para ir salvando a los ‘protas’ (este Predator es un sol), eso ayuda para que el sesudo público pueda decir: ‘yo voy con ese, con el bueno’, y luego en el recreo reiterar ‘yo me pido a Predator’…ay, qué chiquillos. La cruz se la lleva (los que entramos en la sala) y los Aliens, especie que pierde toda la atmósfera que se trabajó Ridley Scott para aparecer aquí como unas alimañas baratas que, viéndolas en escenarios como cafeterías de carretera, no se puede caer más bajo. Viene a ser como ver a Dark Vader con el casco y en bermudas de flores. Horrendo.


Al principio se apodera de uno la indignación. Vienen a tu mente descalificativos como bodrio, esperpento, patraña, basura, carnaza, estafa, timo, estupidez, memez…, luego te acaba embargando un gran hastío y tristeza generalizada. Cuando salía con estrépito de la sala oí a un chaval soltar la siguiente frase: ‘Joder, mil y pico pelas para esto’. Yo no podría haberlo descrito mejor.



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