DESEO, PELIGRO, de Ang Lee
por Álvaro Pedraz
Controlar los tiempos en cine es de lo más importante y complicado de conseguir. Justo en esta décima producción, del director de irregularidades del estilo de ‘Hulk’ o ‘Brokeback Mountain’, podemos observar cómo el ritmo es aplicado con acierto y cuándo no. Todo en una misma película.Si bien no resulta reprochable su ritmo pausado, porque es el adecuado, es más criticable en cuanto a su densidad, en cuanto a detallar cosas que no poseen tanto gancho o en cuanto a estirar demasiado un argumento que se antoja más sencillo que su desarrollo. Para ejemplo, la primera parte de metraje, enredada en conspiraciones que no transmiten nada al espectador, se hace resbaladiza, difícil de asir. El ritmo pausado no es acertado cuando se cuentan cosas que no resultan demasiado importantes. En cambio, cuando la protagonista contrae contacto con el objetivo político, es cuando el ritmo pausado se agradece, cuando resulta adecuado. Recrearse en la tortuosa relación de los protagonistas, en los juegos de miradas, en esa lucha entre el sentimiento y el deber político, en ese acercamiento personal es cuando el ritmo no se hace denso y se agradece la recreación.
Eso sí, visualmente es un lujo. La ambientación está absolutamente lograda y escudriñada hasta el más mínimo detalle. El estilo que destila (y nunca mejor dicho) es una maravilla, esa mezcla entre lo asiático y lo europeo de los cuarenta es una preciosidad (quizá demasiado occidentalizada). Técnicamente es una pasada, la iluminación y detalles como el inquietante pálpito de un reloj en los momentos de tensión demuestran buen hacer.
Y como era de prever, las interpretaciones, que son todo un lujo. Lo de la pareja protagonista (él es el de la magnífica ‘Deseando amar’ y la comparación es inevitable ya que aquella no adolece de los defectos de argumento de ésta) y especialmente lo de Tang Wei es de matrícula. Todo un ejemplo de expresar en la contención. La especialidad de la interpretación asiática de la que mucho se tendría que aprender. La tensión erótica y las escenas de cama están magníficamente rodadas; con crudeza, de una forma adulta, sin ñoñerías.
En definitiva, una propuesta decente, muy interesante en ciertos momentos y muy espesa en otros. Mejor si hubiese mantenido el ritmo pausado y adulto y se hubiese prescindido de detalles que no interesan tanto, ni conectan tanto con el espectador.
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