LOS TOTENWACKERS, de Ibon Cormenzana
por Álvaro Pedraz
La función de teatro del colegio. Justamente a eso recuerda esta película cuando los pobres niños se han aprendido de memoria el guión, no saben muy bien de lo que hablan y se quedan callados mirando al otro como diciendo: ‘ahora hablas tú’. Esa es la conmovedora sensación con la que se sale de esta coproducción infantil hispano-británica y segunda película del director vasco.Se entiende la dificultad que entraña el crear un buen producto destinado al público infantil y trabajar con niños actores. También se agradece que en esta ocasión no se pretenda moralizar, y se agradece que tampoco se hagan gracias para primates (siempre se debe tener en cuenta a la hora de hacer cosas como éstas que los niños se nos diferencian por tener menos información no menos capacidad) y se agradece la intención, pero el argumento de los cazafantasmas infantiles es bastante regulero, muy incomprensible por momentos (por no decir para los niños, que salen con cara de incógnita con el tema este de la máquina de los espíritus, la tal ‘Totenwacker’, bufff), por momentos se hace muy pesada y sobre todo muy sobreactuada, muy de función colegial, aunque los niños hacen lo que pueden (el que hace de niño científico inglés tiene la misma expresividad que un Power Ranger, pero la niña protagonista al menos lo intenta, cierto es que tampoco se puede pedir más a esas edades) pero que tampoco los adultos secundarios hacen mucho por remediarlo, pese a Geraldine Chaplin que repite, tras ‘El Orfanato’, de mujer contacto con los espíritus sólo que aquí es un poco bastante más pueril. Luego tiene detalles que sobran definitivamente como dejar intuir un enamoramiento entre infantes (¿celos propios de un triángulo amoroso?) con canciones de ‘OdT’ de fondo.
En definitiva, un producto para niños que resulta pesado, incomprensible, libre de grasas morales y humor chusco, pero que resulta tan artificial y tan sobreactuado como aquellas funciones teatrales del colegio cada fin de curso. Insuficiente.
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