lunes, 12 noviembre 2007

LEONES POR CORDEROS, de Robert Redford

por Álvaro Pedraz

Idealismo hueco. Hace tiempo que el famoso actor se pasó a la dirección y se hizo cierta fama contando historias sencillas, pequeñas y cotidianas. Ahora da un paso al frente y muestra su lado más reivindicativo y su posicionamiento político en su séptima propuesta, donde da un repaso a la actualidad de la alta política desde distintos puntos de vista, a través de dispares personajes de la vida social.

Pura doble moral, o doble vertiente norteamericana. Por un lado, parece plantear lo mal que se hicieron las cosas con la invasión de Irak, pero por otro (casualidades de la vida), los dos soldados protagonistas que muestra la pantalla resultan ser dos jóvenes de minorías étnicas a la par de cándidos universitarios idealistas, que salieron de barrios pobres y tuvieron que luchar para ganarse un futuro, puro cómic de Capitán América. Aparenta ser una dura crítica para luego acabar valorando el coraje militar de la intervención armada por un mundo mejor. Por favor…

Luego está el punto de vista de una madura periodista, que resulta el mejor personaje y la mejor interpretación (grande siempre Meryl Streep) que entrevista a un senador conservador llevado a cabo por Tom Cruise (le queda bien ese papel derechón, porque logra que le odiemos aún más, si cabe) y el propio Robert Redford, que aparece como un profesor de universidad supermoderno y dialogante con sus alumnos, además de profundo humanista revolucionario (lástima que el personaje diga sandeces idealistas que nadie se cree en vez de frases profundas que arañen los corazones como pretendía)


¿No busca esta película un posicionamiento político? ¿No pretende acaso que tomemos partido, inquietarnos políticamente? Pues ahí le va: lo que se plantea no parece ser más que un montón de patrañas que intentan ser últimas frases profundas. Toda intervención militar es un atraso se mire por donde se mire. Toda reacción por la fuerza, venga del bando que venga, es una derrota de la sensatez. Asociar idealismo con militarización es relacionar la velocidad con el tocino. La teoría de que para instalar la libertad hay que matar a algunos disidentes es terrible solamente plantearla y; ¿No quiere hablar de idealismo?, pues que se deje a un lado el ejército. Más nos valdría ocuparnos de cómo llevar nuestra propia vida en paz con nosotros y con el resto en lugar de preocuparnos por hacia dónde se dirige la patria o hacer una sociedad mejor donde todos vayan cogidos de la mano sobre baldosas amarillas. Así de clarito.



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