jueves, 8 noviembre 2007

EL CASO WELLS, de Andrew Lau

por Álvaro Pedraz

Insufrible. De verdad, que vaya semanita de estrenos comerciales que llevamos. Y ahora para colmo nos llega esta horripilante producción de este ‘director’ nacido en Hong Kong y vendido de mala manera a la gran industria.

Lamentable es quedarse corto. Una historia vista hasta la saciedad que es la del típico tipo maduro que sabe mucho de la vida y que está a punto de retirarse y le ponen de compañera a la modelito de turno inocente y cándida, a la que deberá enseñar cómo es la vida. Él se niega a jubilarse antes de resolver un último caso y tal. Deprimente.

Luego intentan dar golpes de guión y jugar a ver si sabes quién es el asesino pero sin enterarse de que al espectador no le importa lo más mínimo porque no se ha enganchado en ningún momento a una trama tan mal hecha, tan pesada, cutre e inverosímil (de aquellas que entran en un sitio y de pronto ya es el pasaje del terror del psicópata de turno). Además volvemos a ver el peligroso asunto, en el que ya insisten demasiado, de aquel que se toma la justicia por su mano y que va de justiciero armado. Algo que ya pudimos ver en ‘La extraña que hay en ti’. Pura doble moral norteamericana.

Lo de Richard Gere es de nota. Tristísimo actor al que nadie es capaz de creer lo que está haciendo en ningún momento y que aquí va de duro para, al minuto siguiente, poner ojitos y gestitos de cordero degollado. Tan horrible como el nivel general de esta pseudoproducción. Hasta hace un cameo la adolescente cantante ¿antisistema? Avril Lavigne. Lo que faltaba para completar la función.


En serio, un fracaso estrepitoso como historia, como narración, como interpretación y como todo. Un penoso desastre. Para olvidar.



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