EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD, de Andrew Dominik
por Álvaro Pedraz
Suplicio: dícese del grave tormento, dolor físico o moral o, lo que viene a ser lo mismo, la segunda película de este director neozelandés. Película pesada donde las haya, pretende ser profunda, alargando las secuencias hasta el infinito para obtener el mayor de los tedios como resultado final. Si acuden para ver tiroteos, asaltos y caballos, pueden irse olvidando porque apenas sale nada de todo esto; en su lugar pretende ser una historia de traiciones y soledades pero resulta algo sin dirección y sin sentido. Gran parte del metraje se limita a una mención de nombres y fechas, creando un caos en el que decae el espectador una y otra vez. Todo viene a ser frases como: -‘Y el día 8 a las 2, Rintintín mató Milú y no sintió nada’-. Insufrible. Entre cabezada y cabezada uno no para de preguntarse si toda esa lista de nombres y personajes, que apenas duran unos minutos, importan para algo o tienen algo de trascendencia. Un desastre como guión que intentan tapar con cierto aire a cine independiente (nada más lejos) y detalles técnicos como recortar el encuadre y otros efectos huecos que no sirven para nada cuando no hay historia que contar detrás.
En lugar de contar la historia de un famoso bandolero parece que narra la historia de un buda iluminado o una divinidad encarnada en el piadoso Brad Pitt, respecto al cual todo gira, él es el admirado, el respetado, al que todos quieren imitar y que en su benevolencia se apiada de los pobres desdichados acomplejados que pretenden emularle. Una especie de ‘Leyendas de pasión’ pero pesada y densa hasta decir basta. En el papel de pobre acomplejado que admira al líder está el hermanísimo Affleck, Casey, que curiosamente, transmite mucho más que el endiosado Pitt, cuyo particular lucimiento exclusivo a base de posecitas y gestitos, sencillamente agota.
Dos interminables horas y media de regalo para un film hueco, sin historia de fondo, que pretende ser íntima e independiente y resulta pesada y muy vista. Pretende respetar los silencios pero resulta soporífera. Un dolor y un desperdicio de tiempo.
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