CASSANDRA’S DREAM, de Woody Allen
¿Saben de aquella sensación de no tener nada en contra de algo, pero no resultar convincente en modo alguno? Y es que la alrededor de cuadragésima película del director neoyorquino (desde que se propuso lo de hacer una por año, se nota la precipitación) y estrenada mundialmente en Asturias, no tiene nada excesivamente repudiable, de hecho, la trama es posible que tenga más enjundia que la mitad de los estrenos de cartelera, sin embargo, el resultado es algo impasible. Correcto, pero nada motivador. La historia posee el encanto de quien supo hacer historias, pero que en esta ocasión no acaba de llenar, por momentos se hace algo espesa y desde luego queda muy lejos de parecer algo memorable. Uno siempre se quedará con aquella parte de la filmografía de Allen en la que se planteaba cuestiones vitales, aquella filosofía cotidiana e hipocondríaca, más que con esta última en la que tiende a plantear crímenes perfectos por resolver.
El dueto interpretativo de Ewan McGregor y Colin Farrell (dos hermanos cuyos apuros económicos les empujan a planear el crimen perfecto), sin llegar a dotar ninguno de la emoción presupuesta, se decanta claramente hacia el primero, mucho más correcto al menos en intención porque, lo de Colin Farrell es simplemente que lleva a cabo un papel tan ‘asín de esta manera’, que un chimpancé hubiese resultado igual de efectivo. No es que nada desentone especialmente en lo negativo, sino que no llega a tener vigor o fuerza alguna. Es todo de una inercia vulgarizadora apabullante.
En fin, una lástima de una historia ilusionante, que quiere salir a flote pero que no llega y se queda sin aire para acabar ahogándose en el oscuro abismo de lo intranscendente…
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