SHREK TERCERO, de Chris Miller
No se puede por menos que dar la razón a los que afirman que los dibujos de Shrek no son para niños. Efectivamente, no conviene cebar a los niños con tal cantidad de estupideces y ñoñerías lamentables. La auténtica gracia de esta producción del guionista de ‘Desmadre a la americana’ y que actuó en ‘Loca academia de policía 4’ (vaya precedentes), y que tampoco dirigió ninguna de las dos primeras entregas del ogro verde, llega cuando lleguen las cifras de recaudación en taquilla, antes no.
Porque nos resulte simpático ver las bobadas ‘adultas’ reflejadas en dibujos de cuento no quiere decir que dejen de ser bobadas en ningún momento. Si a estos ‘golpes’ le añadimos unos gags tristísimos de ‘caca-culo-pedo-pis’ donde no faltan los eructos, princesas travestis (vaya manera de normalizar distintas opciones sexuales) y los niños que hacen ‘po-po’ (para troncharse) y lo recubrimos todo con un sentimentalismo cutre y falso, mas unos discursos con moralina detrás, que son de auténtica pena, pues obtenemos un producto ciertamente lamentable que no conviene ni a los niños ni a los adultos con mentalidad de los primeros.
Otra observación es las posibilidades que da la imagen digital, que aquí son realmente impresionantes. Lástima que este arma no se use para hacer el bien (películas de verdad) y venga a ser como un mono con una escopeta de feria. Se nota que a la sombra está la ‘fechoría Spielberg’ cuyo infantilismo moralista planea sobre toda la proyección.
En definitiva, una historia realmente cutre cuya gracia resulta más difícil de encontrar que las armas de destrucción masiva y que no salva ninguno de los personajes cuya inicial simpatía no resulta más que un cúmulo de despropósitos y de un sentido del humor que no funciona en ningún momento. No es simpática, es triste.
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