viernes, 19 septiembre 2014

Coconut Bar en Madrid: Copas hawaianas y muy frikis en el nuevo local de Silvia Superstar

por Juan Rodríguez

Coconut Bar trae a Madrid un rollito hawaiano, algo freak y absolutamente original para las noches madrileñas. Dos plantas con la decoración más potente y auténtica que hemos visto en mucho tiempo.

Coconut Bar es un sitio tan curioso, original y fabuloso que merece la pena visitarlo aunque solo sea en plan turista, con la cámara en ristre, como un entrañable japonés de esos que viajan en autobús a todos lados (un fuerte abrazo a la Asociación Japonesa Contra Los Estereotipos).


Y lo de fabuloso no lo he dicho por decir… (qué pillo), es que la dueña del local es Silvia Superstar, que ya tiene cerca de este local otro de su propiedad denominado El Fabuloso. Este es El Fabuloso Coconut Bar, pero se le conoce como “el Coconut” a secas. Y quién soy yo para ir corrigiendo la natural expresividad del pueblo. Pero vamos, que lo del nombre es lo de menos. Que sí, que es original y locuelo, pero la decoración del local es aún mejor. Un rollito hawaiano, tiki, los maravillosos 50 y alguna otra cosa que se cuela para sorpresa y (re)gusto de aquel que, como yo, observa con atención mientras se mete entre pecho y espalda uno de sus deliciosos batidos de fresas naturales.


Porque en el Coconut, además de dos plantas preñaditas de deco fastuosa, tenemos una carta llena de cosas muy apetecibles: tartas (de zanahoria, cheesecake, de chocolate), tortitas y brownies; varios cócteles (mojitos, daiquiris, el popularísimo Daiquiri de Fresa de la casa, tequila sonrisa y bloody mary); batidos, cafés y varias cervezas y vinos.


El único pero que puedo ponerle a este sitio tan chulo es que no tienen nada salado más allá de unos nachos. Entiendo que no quieren tener una cocina y liarse a preparar cosas (tampoco es lo que demandará su clientela), pero unos sandwichitos de miga, unas empanadas, un algo sí podrían tener.

PD. La vitrina de tesoros del mundo que ha ido recopilando Silvia Superstar es uno de los mayores atractivos del local, ¡ojo a ese E.T. cerquita de Elvis!

En DolceCity Madrid: Coconut Bar



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jueves, 18 septiembre 2014

Oven Mozzarella Bar: La mejor pizzería del centro de Madrid

por Juan Rodríguez

Oven es un local con apenas dos meses de vida que ha llegado a pleno centro de Madrid para hornear, atentos a esto, algunas de las mejores pizzas de la capital.

Apurando ese veranito lleno de locales, y locales nuevos y muy apeticibles, mi novia y yo nos dirigimos a la parada de metro Tribunal. Bueno, más bien salimos de ella para buscar un restaurante que nos hiciera apaño para la noche (llega un momento en el que una ensalada, OTRA MÁS, es insoportable). Estábamos entre un sitio de sushi de la calle Espíritu Santo y un tal Oven que apenas lleva un par de meses abierto en plena calle Fuencarral. Como hace poco nos habíamos atiborrado a sushi en mi querido Aqua Blue (y como estaba más cerca del metro y ya estamos mayores…), nos decidimos por Oven, que se define a sí mismo como un “Mozzarella Bar”.


No me preguntéis qué es un “bar de mozzarella”, no tengo ni papa (¿todos los platos o la mayor parte constan de mozzarella?), ni tampoco estamos aquí para que yo te investigue en Google lo que significa. Estamos aquí para que yo te diga qué me pareció el sitio, si me gustó, si el ambientillo molaba, si lo recomendaría. Y las respuestas, respectivamente, son: un sitio elegante, pequeño y acogedor; el ambiente me gustó mucho ya que había desde nuestros queridos amigos los modernos hasta familias con sus hijos; y sí, lo recomiendo plenamente, se come muy bien por un precio ajustadito (entrantes entre 9 y 11 euros, platos de la carta entre 9 y 14 el más caro, postres a 5).


La carta es pequeñita: cuatro o cinco opciones de entrante, varias ensaladas, varias pastas y un montón de pizzas a elegir. Os recomiendo la de queso de cabra, miel y carpaccio de buey, es una auténtica LOCURA. Yo soy muy aficionado a cualquier pizza con este tipo de queso y es, sin duda, la más rica que he probado. La masa es finita pero no finúscula y absurda como otras y los ingredientes SABEN.


La pizza es bien generosa (mi novia y yo nos arrepentimos de haber pedido el ceviche de lubina de entrante) y diría que hasta la podéis pedir para compartir si vais con un hambre moderada. Yo, como soy un animal, toa pá mí. Rematamos con un tiramisú, este sí para compartir, muy rico; y unos chupitos de licor de arroz a los que nos invitó la casa. ¡Un servicio excelente!


PD 1. Más que “mozzarella bar” yo diría que es una pizzería, de las de toda la vida, y muy buena.

PD 2. Acabo de descubrir
aquí que el dueño del negocio es el novio de Lara Dibildos. Perdón, el “chico” de Lara Dibildos, que hoy en día lo de llamar “novio” o “novia” a la pareja de alguien está muy mal visto.

En DolceCity Madrid: Oven Mozzarella Bar



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miércoles, 17 septiembre 2014

Un recorrido en microbús, el autobús más pequeño de Madrid

por Juan Rodríguez

Imaginad un autobús de la EMT de tamaño bolsillo... Algo así son los microbuses de las líneas M1 y M2, que recorren calles y vías complicadas del centro de Madrid; y que resultan muy turísticos.

Viajar en el mini-bús es una experiencia que, sencillamente, tenía que disfrutar algún día. Llevo en Madrid demasiados años como para poder seguir mirando a la gente a la cara y decir cosas como: “Sí, sé de la existencia del mini-bús pero no, no he montado nunca en él”. ¡No podía aguantar más tiempo esta vergonzosa situación! Así que el otro día, ni corto ni perezoso (muy poco perezoso hay que ser para ir en metro a coger un bus… que ni siquiera necesitas coger), decidí montarme de una vez por todas en el autobús más pequeñito de Madrid.


Precisemos, no es uno, sino dos los mini-autobuses que tiene la EMT circulando por Madrid. Son azulitos, pequeñitos, ¡los peluches de los autobuses de verdad! Son dos vehículos denominados Tecnobus modelo “Gulliver” (¿no querrían llamarlo “Lilliput”?) que funcionan con motor eléctrico.


Este motor, en teoría, no hace ruido y tiene un mecanismo silencioso y es super-discreto y… mirad, a mí me parece que ese motor rugía cosa mala. No tanto como un autobús de los normales, pero digamos que este motor no es “silencioso”… como mucho llegaría a “discreto”.


Los “Gulliver” recorren dos líneas urbanas, la M1 y la M2 (pinchad aquí para leer frecuencias y recorridos), que están llenas de paradas puñeteras, o sea, que van por calles por donde un autobús de los grandes lo tendría chungo o directamente imposible para pasar. Yo fui bastante cómodo porque fui sentado en uno de sus pocos asientos, pero la gente suele ir de pie aunque le ofrezcas tu asiento, generalmente monta gente mayor para hacer subidas de unas pocas paradas, pero que andando serían muy latosas.


El interior del bus es el mismo que el de los autobuses normales, con solo dos diferencias debido a su reducido espacio: 1) menos asientos; y 2) una única puerta por la que se sube y se baja del autobús. Recomiendo un viajecito a modo de turista si aún no lo conocéis.

Para más información del microbus o cualquier otro autobús de la EMT, acude a la Oficina de atención al cliente de la EMT



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martes, 16 septiembre 2014

Casa Tía María en Madrid: Buenas tapas y cañas por Goya

por Juan Rodríguez

Casa Tía María sirve comida española de toda la vida en un bar clásico pero con toques modernos: tortilla de patatas, calamares, platos combinados, bocadillos, postres, etc.

Últimamente tengo que andar por mucho por la calle Goya, Goya p’arriba, Goya p’abajo… y un día, a punto de la deshidratación, me metí en el primer local que vi con las puertas abiertas. Se llamaba Casa Tía María, y al pedir una caña, me la acompañaron con una tapita de calamares. Sí, sí, calamares. A la romana. Era, sin duda, el inicio de una gran amistad…


Casa Tía María es un curioso bar moderno, que no grita: “¡Modernidad!” en cada metro cuadrado como tantos otros locales en los que con solo poner el pie te sientes como un viajero temporal de lo modernos que son… aquí no, aquí entienden lo moderno como una actualización del bar de barrio de toda la vida. Tienen una bonita barra donde tomar lo que quieras y, arriba tienen un comedor donde pasar a comer.


Y deberías, porque de comer tienen mucho; y mucho rico. Siguiendo con el rollo “moderno pero solo lo justo” de la decoración del local, en la carta hay una gran variedad de cocina española con algún toque original. Pero los platos son de toda la vida. A saber: una tortilla de patatas deliciosa (si bien menos compacta de lo que a mí, personalmente, me gusta), paella, tablas de ibéricos, vinos, pinchos, croquetas, hamburguesas, parrillada de verduras con crujiente de jamón ibérico, ensalada de queso de cabra y pipas, habas con huevos fritos y jamón, etc.


Además, bocadillos, sopas, cremas, albóndigas… y ese clásico español que es el “plato combinado” (lo que en otros países, donde combinar diversas comidas en el plato es lo normal, se conoce como “plato” a secas). Aquí los tienen de huevos fritos con patatas y bacon, croquetas con patatas y ensalada, filete de pollo a la plancha con arroz y ensalada, y varios más. Que no se me olviden mencionar algunos de los postres: brownie, tarta de queso y frutas del bosque, tarta sacher, yogur griego con miel, etc.

Fotos: Casa Tía María

En DolceCity Madrid: Casa Tía María

lunes, 15 septiembre 2014

Caramelos Paco: La mejor y más antigua tienda de caramelos de Madrid

por Juan Rodríguez

Caramelos Paco es, sencillamente, la mejor tienda de caramelos y dulces de todo Madrid. Tienda mítica y cargada de historia que cuenta, además, con una hermana dedicada a la venta de disfraces.

Este momento sería tan bueno como cualquier otro para ponernos en pie y aplaudir a Don Francisco Moreno Redondo, un Willy Wonka patrio que un día tuvo a bien crear una tienda de caramelos. O, más concretamente, LA TIENDA DE CARAMELOS MÁS MÍTICA DE MADRID. Se llama Caramelos Paco, es grande como ella sola, y seguro que has pasado cientos de veces por delante de su mítica fachada amarilla con los mostradores inundados de caramelos y dulces de todo tipo.


Francisco puso el negocio en 1934, inicialmente eran unos ultramarinos y seguro que vendía más latas de atún que caramelos, pero en 1936 pegó el volantazo para entregarse a “la causa dulce” y vender bombones y caramelos; poniendo así la primera piedra para que esa tienda amarilla de La Latina fuera referencia en Madrid. Con un marketing de guerrilla, Francisco y su hijo dieron a conocer la tienda en la capital y más allá (antes si querías “compartir algo en un muro” tenías que irte a un muro, de ladrillos, y escribirlo con una brocha… cosa que hicieron padre e hijo). Luego llegaría la entrega del negocio a su hijo, la creación de una fábrica propia de caramelos en Cuba y la inauguración de otra tienda, justo enfrente, dedicada a globos, disfraces y piñatas: Fiestas Paco. ¡Menudo dueto!


Lo mejor de Caramelos Paco es que esa historia, esa maravillosa realidad de “negocio de toda la vida que aún resiste”, se palpa en cada visita a la tienda: personal encantador, dulces caseros; y, por supuesto variedad infinita del género: golosinas, piruletas, chicles, nubes, pipas, frutos secos, galletas, turrones, mazapanes, regalices… y caramelos, muchos caramelos.


Algunos de ellos son los de hierbabuena, miel y azúcar moreno, gajos de naranja, gajos de limón, Malvavisco de azúcar moreno, Tomillo de azúcar moreno, Solano, Seltz, de dulce de leche, de piñones (ay, estos siempre me han dado guerra) y muchísimos más.

Fotos: Caramelos Paco


En DolceCity Madrid: Caramelos Paco
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