Bizigai: una apuesta por el consumo ecológico
por Amaia OcerinSon muchos ya, cada día más, los que ponen especial cuidado al llenar la cesta de la compra y se preocupan más por la calidad y el origen de los productos, que por el precio.
Y es que si lo pensamos bien y seguimos ese dicho popular de “somos lo que comemos”, seguramente todos consumiríamos sólo productos de primera mano, de origen conocido y elaborado siguiendo las máximas de la producción ecológica, libre de agentes químicos en todo el proceso.

Mi naturópata me lo repite constantemente y yo también cada día más lo tengo presente, pero a veces es difícil compaginar un consumo responsable con el ritmo de la vida diaria, en la que es mucho más cómodo hacer la compra en un mismo supermercado y, por supuesto, aprovechar las ofertas en lo posible.
Para conseguir todo esto nació la Asociación de Consumidores de Productos Ecológicos Bizigai. En su sede, puso en marcha un supermercado. A simple vista, se asemeja a un establecimiento normal, con estanterías repletas de alimentos y artículos de cosmética, pero en realidad todos son productos que respetan salud y medioambiente en su elaboración.
En Bizigai se pueden adquirir conservas de Lea Artibai, polen, tés, mieles, mermeladas... comida macrobiótica, productos de comercio justo... artículos de herboristería, jarabes, champús, pastas de dientes y desodorantes sin ningún producto químico, aceite de almendras, salsa de soja, aceite, vinagre de arroz, leche de almendras, de soja, de avellanas, mueslis, pasta, mijo, algas, tofus, hamburguesas vegetales...
Todo de origen controlado y conocido, pero además también tienen en cuenta el aspecto socioeconómico, por lo que dan preferencia a los productores de la tierra y buscan un precio justo, intentando además que no sea superior al de un artículo equivalente en un establecimiento habitual. Lo que se podría resumir en una forma de consumo responsable.
Y es que deberíamos fijarnos en la calidad de lo que consumimos más que en el precio. Como hacen los baserritarras, oler el producto antes de comprar y asegurarnos de su calidad.
En DolceCity Bilbao: Bizigai
Y es que si lo pensamos bien y seguimos ese dicho popular de “somos lo que comemos”, seguramente todos consumiríamos sólo productos de primera mano, de origen conocido y elaborado siguiendo las máximas de la producción ecológica, libre de agentes químicos en todo el proceso.

Mi naturópata me lo repite constantemente y yo también cada día más lo tengo presente, pero a veces es difícil compaginar un consumo responsable con el ritmo de la vida diaria, en la que es mucho más cómodo hacer la compra en un mismo supermercado y, por supuesto, aprovechar las ofertas en lo posible.
Para conseguir todo esto nació la Asociación de Consumidores de Productos Ecológicos Bizigai. En su sede, puso en marcha un supermercado. A simple vista, se asemeja a un establecimiento normal, con estanterías repletas de alimentos y artículos de cosmética, pero en realidad todos son productos que respetan salud y medioambiente en su elaboración.
En Bizigai se pueden adquirir conservas de Lea Artibai, polen, tés, mieles, mermeladas... comida macrobiótica, productos de comercio justo... artículos de herboristería, jarabes, champús, pastas de dientes y desodorantes sin ningún producto químico, aceite de almendras, salsa de soja, aceite, vinagre de arroz, leche de almendras, de soja, de avellanas, mueslis, pasta, mijo, algas, tofus, hamburguesas vegetales... Todo de origen controlado y conocido, pero además también tienen en cuenta el aspecto socioeconómico, por lo que dan preferencia a los productores de la tierra y buscan un precio justo, intentando además que no sea superior al de un artículo equivalente en un establecimiento habitual. Lo que se podría resumir en una forma de consumo responsable.
Y es que deberíamos fijarnos en la calidad de lo que consumimos más que en el precio. Como hacen los baserritarras, oler el producto antes de comprar y asegurarnos de su calidad.
En DolceCity Bilbao: Bizigai
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Comienza el verano y con él los cambios de look. El calor nos permite licencias que en invierno ni se nos ocurren. Excepto los ejecutivos que continúan sufriendo con su traje de chaqueta, los demás nos podemos permitir ir algo más sport al trabajo, un poco más veraniegos.