Los Caracoles, comida catalana de calidad en Barcelona
por Verónica RodríguezSi como mi amiga Vero crees que el negocio del siglo está en la cría de caracoles, deberías pasarte por este local, quizá se convierta en uno de tus cliente más importantes.
Yo no sé qué les ha dado a mis amigas con los caracoles pero no dejan de comerlos y a pesar de que mi madre me ha educado para no hacerle ascos a la comida, no soy capaz de mentener la compostura viendo tan escalofriante escena, armadas con el clásico palillo rebuscando dentro del caparazón del viscoso animal.

Por ello puse el grito en el cielo ante su propuesta de ir a cenar al restaurante Los Caracoles, un restaurante sito en la calle Escudellers y con el que no hay que ser muy lumbreras para adivinar su especialidad. Fundado en 1835 como Casa Bofarull por esta familia barcelonesa que, después de cuatro generaciones, sigue rindiéndole su homenaje particular a la cocina tradicional de alta calidad y a su plato estrella, los caracoles.
Si te gusta el famoseo, debes saber que este local es de paso obligado de destacadas personalidades del mundo del espectáculo, la política y las finanzas, que atraídos por la buena cocina y por su entrañable atrezzo, cargado de historia, se dejan caer a darle un capricho a sus exquisitos paladares.
Pero si no te gustan los caracoles y eres de piquito fino encontrarás el marco ideal para disfrutar de una riquísima mariscada, de sus especialidades en pescado y sus carnes a la brasa.
En DolceCity Barcelona: Los Caracoles



Hay idiomas que suenan más bonitos que otros. Por ejemplo, no es lo mismo decir Je t’aime que Ich liebe dich, las cosas como son. Pues lo mismo me pasa con el catalán, que aunque mis amigas canarias me digan que parece que tengamos una papa en la boca, a mi me sigue sonando mejor que el castellano.
En Can Culleretes puedes deleitarte con una buena escudella i carn d’olla cocida a fuego lento, el civet de jabalí, unos buenos canalones a base de espinacas y brandada de bacalao y ya un clásico de la cocina del país, la butifarra a la brasa acompañada con una guarnición de seques, judías blancas de ganchillo que saben a gloria salteadas con ajo.
De muy niña me encantaba acompañar a mi madre al mercado y perderme entre todos esos pasillos repletos de productos de la huerta, bacalao en agua desalando, aceitunas machacadas y, como no, esa tienda en la que venden todo tipo de grano, miel de romero y todas esas cosas de ahora y de siempre que por un capricho del destino se han convertido en delicatessen.
Un negocio como los de antes donde encontramos al pie del cañón a la tercera generación de la família Sala y que después de años de historia se ha hecho con un lugar privilegiado en el corazón de los vecinos de Gracia por su trato familiar y personalizado.
Imposible no pararse en la estela de los aromas de chocolate y mantequilla o de canela y caramelo. ¿La visión resultante? Las tartas más emblemáticas de la prestigiosa chef Mey Hofmann, bollería, tartaletas individuales, helados, confituras, bombones... un placer para los sentidos, para todos y cada uno de ellos.

La carta de postres, Pecados Veniales, deja bien claro el porqué de su nombre cuando te dispones a saborear su contenido: Una bavaroise de queso con confitura de violetas que quita el sentido (ejemplificando una carta dulce deliciosa)
¿La carta? El chef Christian Crespin construye una sinfonía de sabores aptos para los paladares más sibaritas. Cocina mediterránea y creaciones que fusionan auténticas delicatessen de otras culturas.