Azahar India, muebles y decoración de Oriente en Barcelona
por Verónica RodríguezDicen que, cuando florecen los naranjos en la Alpujarra granadina, el aroma a azahar impregna el aire fresco de los valles desde mayo hasta agosto. Un espectáculo de la naturaleza que pinta de pétalos blancos los naranjos y que se repite durante todo el verano en la costa mediterránea.

Con Azahar India puedes disfrutar del placer de este aroma sin necesidad de moverte de la ciudad, ya que han recreado el ambiente de un palacio mudéjar donde el agua es un elemento esencial junto a los distintos aromas árabes, la luz y la música de una tierra tan próxima y a la vez tan lejana.
Se trata de una tienda que recoge entre sus cuatro paredes muebles, objetos de decoración, ropa, complementos, bisutería, textil para el hogar,etc., de varios lugares del mundo con los que Azahar India busca envolver todos los sentidos de sus visitantes, creando sensaciones únicas con las que, cerrando los ojos, poder sentir el aroma a azahar.
En Azahar India puedes encontrar mueble colonial, japonés, música étnica, velas aromáticas, flores secas, incienso, aceites para quemar y el gusto por lo bien hecho y por el sabor de una taza humeante de te.
En DolceCity Barcelona: Azahar India

Con Azahar India puedes disfrutar del placer de este aroma sin necesidad de moverte de la ciudad, ya que han recreado el ambiente de un palacio mudéjar donde el agua es un elemento esencial junto a los distintos aromas árabes, la luz y la música de una tierra tan próxima y a la vez tan lejana.
Se trata de una tienda que recoge entre sus cuatro paredes muebles, objetos de decoración, ropa, complementos, bisutería, textil para el hogar,etc., de varios lugares del mundo con los que Azahar India busca envolver todos los sentidos de sus visitantes, creando sensaciones únicas con las que, cerrando los ojos, poder sentir el aroma a azahar.En Azahar India puedes encontrar mueble colonial, japonés, música étnica, velas aromáticas, flores secas, incienso, aceites para quemar y el gusto por lo bien hecho y por el sabor de una taza humeante de te.
En DolceCity Barcelona: Azahar India
más en: Hogar y Jardín, Decoración, Mueble colonial

Los que pensaban que aquello de Por la raja de tu falda yo tuve un piñazo con un Seat Panda sería flor de un día lo tenían claro. Estopa se ha convertido por derecho propio y a base de empeño de una de las sensaciones musicales españolas de los últimos años. Su rumba catalana y rock callejero se ha colado en las minicadenas de millones de hogares del estado y ha calado hondo gracias a sus letras críticas, humorísticas y cercanas. Siempre fieles a su estilo y hacer, el dúo es además una de las bandas más carismáticas de la escena actual gracias a su deje campechano y humano.
El idioma es una entidad viva y yo soy una acérrima defensora de los neologismos. Me apasiona crear palabras, verbos de un adjetivo, nuevos adverbios chipiritifláuticos, apropiarme de una catalanada, contribuir al denostado catañol... Por eso me cautivó al instante la nueva exposición de Duduá: Rinconsets, qué contracción tan lograda, y no las del parto. Además, me recuerda a Punset, que siempre me produce gran ternura.
Hace apenas 30 años, una mujer no podía tener una cuenta bancaria propia ni salir del país sin autorización de su tutor (padre o marido). Ahora una embarazadísima ministra de defensa pasa revista a los ejércitos de España como si tal cosa, aunque el machismo subsiste en el lenguaje que se gastan los comentaristas de los medios conservadores y supuestamente progres. Por eso, a mí la Muestra Internacional de Films de Mujeres de Barcelona no me parece una iniciativa de feministas furibundas (que también urgen), sino una necesidad imperiosa.
Últimamente detecto ciertos cambios en mi fisonomía caracterizados por una leve hinchazón de los carrillos que bien pudiera traducirse a un lenguaje más coloquial por la expresión: se me está poniendo cara de zampabollos.
Rellenas de cacao, crema, mermelada, nueces y un largo etcétera, son tan tiernas que se deshacen en la boca, ¡como los lacasitos! Yo apuesto por rescatar a las magdalenas de su casilla de típico desayuno y extender su consumo a todas horas del día (¡como me lea mi endocrino, me mata!).