Spaciomm, un balneario de lujo en el Hotelmm de Barcelona
por Ivana Muntán
Es curioso como cambiamos las personas conforme envejecemos (qué mal me suena eso de envejecer), cuando nos hacemos mayores (eso está mejor) Muchas de mis amigas llevan años cuidándose con millones de potingues y cremas varias para la cara y el cuerpo, haciéndose diferentes tipos de masaje y practicando las técnicas de gimnasia más saludables del momento.Yo hasta ahora, un poco bicho raro, la única crema que he usado es la hidratante cuando, en verano, mi piel blanquecina se "quema" (abrasa sería el término correcto) y adopto esa apariencia de "crustáceo guiri" que tanto odio. No ha sido hasta este invierno, superada la barrera de los treinta (madre mía, ¿ya los tengo?) que he empezado a fijarme y a preocuparme por las cremas para tener mejor aspecto, por los correctores faciales y por el malogrado estado de mi espalda (sujeta a miles de horas delante del ordenador al cabo del año)

Unas instalaciones de última generación en las que cada detalle es cuidado y diferenciado para conseguir que el cliente disfrute de un bienestar inigualable.
Un balneario de lujo que no siempre podremos permitirnos pero... ¿hacemos un extra? A mí me gusta que me cuiden. ¿Y a quién no?
En DolceCity Barcelona: Spaciomm
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De sus seis cuerdas (unas de las más famosas de la historia del rock) han salido algunas de las canciones que han marcado a una generación y el sonido de una época entera. Si hiciésemos un recopilatorio de rock de los ochenta no podría faltar una canción de los Dire Straits, y si elaborásemos una lista de los músicos más importantes de la década, el nombre de Mark Knopfler saldría sin duda en los lugares destacados. Canciones como Brothers in Arms, Romeo and Juliet o Sultans of Swing (mi sueldo a que la ponen al menos 2 veces al día en RAC 105) son parte de la memoria colectiva. 

Para él, Amor Sunshine es suave, penetrante y con una nota de sensualidad gracias a la combinación de té, pomelo y mandarina de Sicilia, un contraste entre el frío y el calor que refuerza su carácter veraniego. Notas de rosa, cardamono y nuez moscada que se disuelven en un fondo imperante, en este caso, de palisandro, vetiver y musc (hablando en cristiano, musgo)
Me cuesta reconocerlo, pero hoy (alguna vez tenía que ser la primera) voy a marcarme un punto en la escala de la sinceridad: Soy una asidua a los programas del corazón y a los realities. No me enorgullezco de ello, me gustan más los documentales (seguro) pero para aliviar el estrés lo mejor son estos programas intrascendentes que básicamente me hacen saltar las lágrimas... de risa, claro (no como mi amado telediario, el primer inductor de mis lágrimas en una escala del uno al diez)
Como la curiosidad mató al gato y no me mató a mí, me planto en el espacio cibernético para visitar la web desde la que se puede comprar online. Resumiendo: toallas folclóricas a más no poder, bolsos de playa artesanales, sombrillas de tela (algo kitsch, me siento en el deber de decirlo), chanclas de playa e incluso el DVD del último trabajo de la cantante en cuestión.
Para mi generación fue el órgano Casio, a quién no le cayó uno por su cumple y/o comunión. Supongo que para la de mis primos mayores fue una guitarra con funda de cuadros. Pero para la de mis primos pequeños no me atrevo a aventurar nada ante el riesgo de parecer desfasada. El caso es que siempre hay un instrumento popular en cada época que los niños ansiamos, incluso cuando no hemos sido llamados por el sendero artístico de la música.
La simbología de los colores es algo que me trae de cabeza. Qué mecanismos mentales y analogías varias activamos para converger en que el rojo es símbolo de rebelión, amor o pasión. Si, ya sé que se fundamenta en el palpitar de la sangre, pero esa explicación me sabe a poco, igual que la de la pureza del blanco en correlación con la pulcritud de la nieve.