Monvínic, nueva enoteca de diseño en Barcelona
por Ariadna AlcañizAmantes, profesionales y curiosos de la enología os presento el que será vuestro templo de peregrinación en la ciudad. Se llama Monvínic y no tiene nada que ver con lo que habéis visto hasta ahora.
Tecnología, documentación, diseño, gastronomía y, por supuesto, vino. Estos son algunos de los ingredientes de Monvínic, un espacio pionero en la ciudad (y el país) que ha nacido con clara vocación de marcar la diferencia. Lo cierto es que la primera vez que oí hablar de él, su nombre no me llamó demasiado la atención, pero con una única visita a su web, el interés creció considerablemente. Así que este pasado viernes fui con una amiga a investigar y quedamos gratamente sorprendidas. Os cuento el porqué.

En lo primero que te fijas, al entrar, es en su logrado interiorismo, obra de Alfons Tost. Nobleza de materiales, calidez y armonía cromáticas y rabioso diseño contemporáneo marcan un espacio agradable en el que se invita a relajarse alrededor de un buen vino. Pero, por supuesto, éste no es su único atractivo. La pasión por la enología de Sergi Ferrer-Salat, alma mater del proyecto, se ha traducido en más de un lustro de búsqueda y formación por los cinco continentes para traer a Barcelona más de 3000 referencias, todas ellas sintetizadas en una innovadora carta digital. Se puede optar entre vino por botella y por copa y, por supuesto, la calidad (y cantidad) de su oferta poco tiene que ver con otros sitios de la ciudad. Yo, por ejemplo, pedí una copa de un riesling australiano que no estaba nada mal y que, por lo que era, no tenía un precio exagerado. Y es que, otro punto a su favor, es que hay opciones para todos los bolsillos.

Pero aquí no acaba la cosa. Monvínic también funciona como restaurante, en una original puesta en escena, pues consta de dos únicas y enormes mesas situadas al fondo del local. Y para culminar el sueño de este apasionado del vino que es Ferrer-Salat se ha incuído también una biblioteca que cuenta con todas las publicaciones nacionales e internacionales que hoy por hoy son referencia en este apasionante mundo. En definitiva, una experiencia para todos los sentidos.
En DolceCity Barcelona: Monvínic

En lo primero que te fijas, al entrar, es en su logrado interiorismo, obra de Alfons Tost. Nobleza de materiales, calidez y armonía cromáticas y rabioso diseño contemporáneo marcan un espacio agradable en el que se invita a relajarse alrededor de un buen vino. Pero, por supuesto, éste no es su único atractivo. La pasión por la enología de Sergi Ferrer-Salat, alma mater del proyecto, se ha traducido en más de un lustro de búsqueda y formación por los cinco continentes para traer a Barcelona más de 3000 referencias, todas ellas sintetizadas en una innovadora carta digital. Se puede optar entre vino por botella y por copa y, por supuesto, la calidad (y cantidad) de su oferta poco tiene que ver con otros sitios de la ciudad. Yo, por ejemplo, pedí una copa de un riesling australiano que no estaba nada mal y que, por lo que era, no tenía un precio exagerado. Y es que, otro punto a su favor, es que hay opciones para todos los bolsillos.

Pero aquí no acaba la cosa. Monvínic también funciona como restaurante, en una original puesta en escena, pues consta de dos únicas y enormes mesas situadas al fondo del local. Y para culminar el sueño de este apasionado del vino que es Ferrer-Salat se ha incuído también una biblioteca que cuenta con todas las publicaciones nacionales e internacionales que hoy por hoy son referencia en este apasionante mundo. En definitiva, una experiencia para todos los sentidos.
En DolceCity Barcelona: Monvínic
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